Mbappé regala tiempo a Xabi Alonso con su póker de oro

Los cuatro goles del francés contra el Olympiacos dan oxígeno al entrenador del Real Madrid en plena temporada decisiva

El fútbol europeo vive días de intensa presión en los banquillos de los grandes clubes. Mientras el Liverpool de Arne Slot sufre una crisis de resultados que inquieta a su afición, en el Real Madrid la situación respira cierta calma gracias al desempeño descomunal de Kylian Mbappé. El delantero francés firmó un póker de antología ante el Olympiacos que trasciende más allá de los tres puntos: le ha regalado a Xabi Alonso el activo más preciado en el mundo del fútbol moderno: tiempo.

La goleada por 4-1 en Grecia no solo consolidó la posición del conjunto blanco en su competición doméstica, sino que también desvió los focos de la crítica hacia otros horizontes. La atención mediática, que semanas atrás se cernía sobre el Santiago Bernabéu tras una racha de tres partidos consecutivos sin victoria -con pinchazos ante Liverpool, Rayo Vallecano y Elche-, ahora se ha desplazado hacia Anfield. Allí, los reds sufrieron una humillante derrota por 1-4 ante el PSV, justamente el ex equipo de Slot, dejando al cuerpo técnico en una situación de extrema vulnerabilidad.

Este contraste entre la inestabilidad de Liverpool y la relativa serenidad del Real Madrid pone de manifiesto la importancia de contar con jugadores capaces de resolver partidos de forma individual. Mbappé no solo marca goles; desactiva bombas de relojería en el día a día de un club gigante. Su actuación en territorio heleno fue un masterclass de eficacia: cuatro ocasiones, cuatro goles. Un rendimiento que silencia críticas y otorga margen de maniobra a su entrenador.

El valor del tiempo en el banquillo

En el fútbol de elite, el tiempo es un lujo escaso. Los entrenadores de clubes top viven con la espada de Damocles de los resultados, donde dos o tres tropiezos pueden desencadenar una crisis institucional. Xabi Alonso lo sabe bien. Llegó al banquillo blanco con el cartel de joven promesa, pero también con la exigencia de ganar desde el primer día. La presión en Chamartín es diferente a cualquier otro lugar: cada derrota se magnifica, cada racha negativa se analiza hasta el extremo.

Sin embargo, la directiva que preside Florentino Pérez ha demostrado en ocasiones pasadas que sabe esperar. La temporada anterior, tras una dura goleada en la Supercopa de España en enero, no se precipitó con Carlo Ancelotti. Prefirió mantener la calma y valorar el rendimiento a largo plazo. Esa misma filosofía parece aplicarse ahora con Alonso, quien cuenta con el aval de tener en su plantilla al futbolista más determinante del momento.

Mbappé, con sus 22 goles y tres asistencias en 18 partidos oficiales esta temporada, mantiene un nivel de regularidad asombroso. Es el faro ofensivo del equipo, el referente que aparece cuando el partido se complica. Su presencia en el once no solo garantiza producción estadística, sino que también influye en la percepción colectiva: un vestuario sabe que tiene un as en la manga capaz de cambiar el signo de cualquier encuentro.

El efecto dominó de un póker

Cuando un jugador de la categoría de Mbappé anota cuatro goles, el impacto va más allá del marcador. Primero, satisface a la afición, siempre hambrienta de espectáculo y victorias contundentes. Segundo, descongestiona el ambiente en los medios de comunicación, que encuentran en la figura del crack una narrativa positiva que contrarresta los análisis críticos. Tercero, y más importante, fortalece la posición del entrenador frente a la directiva.

Xabi Alonso sabe que puede planificar los próximos compromisos con mayor tranquilidad. La tensión que se acumula en las semanas previas a un partido decisivo se ve atenuada cuando tu delantero estrella está en estado de gracia. El próximo desafío, visitar Montilivi para medirse a un siempre incómodo Girona, se afronta con otro ánimo. El margen de error aumenta, la confianza del grupo se refuerza y las decisiones tácticas se toman sin la presión de resultados inmediatos.

La máquina de generar oxígeno

El rendimiento de Mbappé esta temporada es sencillamente brutal. Más allá de los números -que ya son impresionantes por sí mismos-, lo que realmente marca la diferencia es su capacidad para generar oxígeno en momentos de asfixia. En un club como el Real Madrid, donde cada partido es una final y cada competición una obligación, tener un jugador que promedia más de un gol por encuentro es el mejor seguro contra la crisis.

Su adaptación al sistema de Alonso ha sido fulgurante. Desde su llegada, ha entendido perfectamente qué se espera de él: liderar el ataque, marcar diferencias y asumir responsabilidades en los momentos clave. No se esconde. No desaparece. Aparece cuando se le necesita, y lo hace con la frialdad de un asesino y la elegancia de un virtuoso.

Esa regularidad es el mejor escudo para su entrenador. Mientras Mbappé mantenga este nivel, las críticas hacia el modelo de juego, las rotaciones o las decisiones tácticas quedarán en segundo plano. El fútbol, al fin y al cabo, se rige por resultados, y un delantero que garantiza más de veinte goles antes de Navidad es la mejor garantía de éxito.

El contexto europeo y la presión relativa

La situación de Liverpool bajo la batuta de Slot sirve como perfecto contraste. Los reds, tras una temporada prometedora, han encadenado resultados negativos que ponen en entredicho el proyecto. La derrota ante el PSV no fue solo un traspiés; fue un síntoma de desconexión táctica y falta de referentes en el campo. En Inglaterra, los focos ya apuntan hacia el banquillo, y las voces críticas se multiplican.

En Madrid, gracias a Mbappé, esos focos están apagados. La atención se centra en la figura del goleador, en sus cifras, en su capacidad para romper partidos. Se habla de futuro, no de crisis. Se analizan fortalezas, no debilidades. Ese cambio de narrativa es pura energía positiva para un cuerpo técnico que necesita trabajar con calma en un calendario exigente.

La próxima prueba de fuego

No obstante, el fútbol es cíclico y la paciencia tiene límites. La visita a Girona representa un examen trascendental. Montilivi se ha convertido en una plaza complicada para los grandes, y el conjunto catalán siempre plantea problemas tácticos interesantes. Allí, Alonso no podrá fallar. Pero llega con la confianza de saber que cuenta con un jugador en forma, con hambre de goles y con la capacidad de resolver en cualquier momento.

Si Mbappé vuelve a ver puerta, la rueda seguirá girando en la misma dirección. El tiempo que le ha regalado al entrenador se convertirá en estabilidad a medio plazo. Si no, la presión volverá, pero con otro colchón de resultados positivos que amortiguará el impacto.

Conclusión: El crack como estabilizador

En definitiva, el póker de Mbappé contra el Olympiacos es mucho más que una exhibición goleadora. Es un acto de liderazgo silencioso, una demostración de que los grandes jugadores no solo ganan partidos, sino que también protegen a sus entrenadores. En un ecosistema tan volátil como el del fútbol moderno, donde las redes sociales amplifican cada error y la exigencia es máxima, tener un futbolista que genera tranquilidad es un tesoro invaluable.

Xabi Alonso lo sabe. Florentino Pérez también. Y el vestuario, sobre todo, lo agradece. Porque cuando tu estrella brilla con intensidad, las sombras desaparecen. Y en el Real Madrid, Mbappé no solo ilumina el presente; regala tiempo para construir el futuro.

Referencias