Cuando los desarrolladores de Warframe anunciaron su nuevo proyecto, la comunidad gamer puso sus esperanzas en un título que mantuviera la esencia de calidad de Digital Extremes pero explorando nuevos horizontes. Ese proyecto es Soulframe, un RPG de fantasía gratuit que abandona el escenario espacial por completo para sumergirnos en un universo medieval repleto de magia y misterios.
La primera gran sorpresa llega con su ambientación. Si Warframe nos transportaba a una odisea intergaláctica con armaduras futuristas y tecnología alienígena, Soulframe apuesta por la fantasía clásica del norte de Midrath. El escenario recuerda inevitablemente a las obras maestras de Bethesda, concretamente a Oblivion y Skyrim, tanto en su estética como en la sensación de libertad que transmite su mundo abierto. Cada rincón del mapa parece esconder secretos, desde ruinas ancestrales hasta bosques oscuros donde la magia fluye de forma natural.
El cambio de registro es radical pero mantienen su firma inconfundible. Los menús, el diseño de las mazmorras y ese particular estilo de animación que tanto caracteriza a Digital Extremes están presentes, ahora adaptados a un contexto de espada y hechicería. El combate, aunque más pausado y estratégico que en Warframe, conserva esa sensación de fluidez y espectacularidad que tanto gusta a los seguidores del estudio.
Acceder a la versión actual no resulta sencillo. Digital Extremes distribuye códigos de forma aleatoria entre los usuarios registrados, creando una expectación controlada alrededor de la alpha. Sin embargo, existe un método más directo: vincular tu cuenta principal con Twitch puede activar el acceso inmediato, especialmente si has estado siguiendo streamers del juego y has canjeado alguna recompensa. Esta estrategia de marketing no solo fomenta la comunidad, sino que premia a los seguidores más activos.
Una vez dentro, las primeras impresiones técnicas son contradictorias. El lanzamiento inicial presenta ciertos obstáculos que pueden frustrar al jugador menos paciente. El juego arranca en modo ventana por defecto, sin pasar por un menú de configuración previo donde ajustar parámetros básicos como el volumen de la música o la calidad gráfica. Para un creador de contenido, este diseño supone un problema adicional: no puedes verificar que el OBS o tu software de grabación funcione correctamente antes de sumergirte en la partida.
Estos contratiempos iniciales, afortunadamente, quedan rápidamente en segundo plano cuando el título muestra su verdadero potencial. El rendimiento técnico es excepcional, con una optimización que recuerda a Warframe. La fluidez es constante incluso en escenas con alta carga de enemigos y efectos mágicos. Únicamente se aprecian pequeños tirones durante las transiciones entre zonas, cuando el sistema carga la siguiente área de exploración. En lugar de una pantalla de carga tradicional, el juego utiliza ese peculiar sistema de salas interconectadas que ya vimos en el título espacial, manteniendo la inmersión y reduciendo los tiempos muertos.
Gráficamente, Soulframe es una joya. Los paisajes de Midrath despliegan una belleza natural que invita a la exploración sin rumbo fijo. La iluminación dinámica, el detalle de la vegetación y la arquitectura de las construcciones abandonadas crean una atmósfera envolvente. Cada elemento visual parece cuidado hasta el último píxel, demostrando que el estudio no ha perdido su capacidad para crear universos memorables.
El sistema de progresión, sin embargo, necesita pulido. La creación de personaje es prácticamente inexistente: simplemente eliges el género y algunos rasgos básicos mediante una descripción narrativa de tu madre. No hay sliders complejos ni opciones de personalización avanzada, algo que los fans del rol esperan como fundamental en la actualidad. Esta simplicidad puede resultar desconcertante, aunque la compañía ha advertido que todo está sujeto a cambios.
La selección de clase tampoco ofrece una presentación elaborada. Te despiertas en una playa desolada y debes elegir entre tres arquetipos clásicos: guerrero, arquero o mago. Cada disciplina cuenta con habilidades únicas, fortalezas específicas y un estilo de juego claramente diferenciado. El guerrero destaca en combate cuerpo a cuerpo con armaduras pesadas, el arquero domina el sigilo y el daño a distancia, mientras que el mago manipula las fuerzas elementales con devastador efecto. Aunque la elección es clara, echamos de menos un tutorial que muestre las mecánicas de cada rol antes de comprometerse.
El combate, el núcleo de cualquier RPG, se siente sólido pero diferente a Warframe. Los enfrentamientos son más metódicos, donde el posicionamiento y el timing de las habilidades marcan la diferencia entre la victoria y la derrota. No se trata de un hack and slash desenfrenado, sino de un sistema que premia la estrategia y el conocimiento de los patrones enemigos. Las animaciones son fluidas y cada golpe tiene peso, transmitiendo una sensación de impacto real que enriquece la experiencia.
La magia, en particular, muestra un diseño interesante. Los hechizos no se limitan a proyectiles de daño, sino que incluyen controles de masas, teletransportes cortos y bendiciones que alteran el terreno de batalla. Esta variedad sugiere un sistema de progresión profundo donde combinar diferentes disciplinas mágicas podría desbloquear sinergias poderosas. Aún falta ver cómo evoluciona este aspecto en las fases finales del juego.
La exploración del mundo abierto es quizás su mayor acierto. Midrath no se siente vacío ni artificial. Los puntos de interés están distribuidos de forma orgánica, incentivando la curiosidad del jugador. Puedes seguir la historia principal o perderte durante horas descubriendo mazmorras secundarias, recolectando recursos para la forja o ayudando a NPCs con misiones opcionales. Esta libertad de acción es precisamente lo que define a los grandes RPGs de mundo abierto.
Las mazmorras, herencia directa de Warframe, mantienen esa estructura de salas generadas proceduralmente que garantiza cierta rejugabilidad. Sin embargo, ahora el diseño se centra en rompecabezas ambientales y combates de jefes épicos en lugar de la pura acción desenfrenada. Cada instancia cuenta con su propia temática y narrativa, integrándose mejor en el mundo general del juego.
El apartado multijugador permanece un misterio para el autor. Aunque Warframe se construyó sobre la cooperativa, Soulframe parece apostar inicialmente por una experiencia más individual, con elementos online sutiles. No obstante, la ausencia de pruebas en este campo impide valorar uno de los aspectos más importantes para la longevidad del título.
En conclusión, Soulframe demuestra un potencial extraordinario. Los problemas técnicos iniciales y la falta de opciones de personalización son comprensibles en una fase alpha y deberían resolverse antes del lanzamiento definitivo. Lo que realmente importa es que la base del juego es sólida y prometedora. El mundo de Midrath invita a ser explorado, el combate es satisfactorio y la ambientación logra capturar la esencia de los grandes RPGs de fantasía sin perder la identidad de Digital Extremes.
Si el estudio mantiene su compromiso con la comunidad y sigue el modelo free-to-play que tan bien funcionó con Warframe, Soulframe podría convertirse en la próxima gran referencia del género. Queda por ver cómo evolucionan sus sistemas de progresión, economía interna y contenido endgame, pero las primeras cinco horas dejan un sabor de boca excelente. Los amantes de la fantasía épica y los mundos abiertos deberían tener este título muy presente en su radar.