Joao Cancelo, entre la necesidad y las dudas en el Barça

El lateral portugués se convirtió en titular obligado ante el Newcastle, pero sus fallos defensivos expusieron las fragilidades del equipo de Flick

La visita del Barcelona a Newcastle en la Champions League dejó más interrogantes que respuestas en el rendimiento colectivo culé. Uno de los focos de atención recayó sobre Joao Cancelo, quien saltó al césped de San James' Park como una solución forzada por las circunstancias, pero cuya actuación volvió a poner sobre la mesa las eternas dudas sobre su compromiso defensivo. La lesión de última hora de Alejandro Balde, sumada a las bajas de Jules Koundé y Éric García, dejaron a Hansi Flick sin opciones reales en el carril derecho, convirtiendo al luso en el único recurso disponible para ocupar esa posición. Lo que en principio parecía un parche temporal se convirtió en un examen exigente que el ex jugador del Al-Hilal no superó con éxito. Desde el primer minuto, la banda derecha del Barça se convirtió en la vía preferente del Newcastle para generar peligro. Anthony Elanga, con su velocidad y desborde constante, explotó los espacios que dejaba el lateral portugués, quien pareció perdido en numerosas ocasiones ante la presión inglesa. La línea tan alta que propone Flick, característica indiscutible de su modelo de juego, no perdonó ni un instante de desconcentración. Cancelo, acostumbrado a tener mayor libertad ofensiva, se vio sobrepasado por las exigencias tácticas que le obligaban a retroceder con rapidez cada vez que el balón se perdía. Su condición de jugador polivalente y su talento técnico indiscutible no fueron suficientes para compensar los errores posicionales que casi costaron caro al conjunto azulgrana. En ataque, el portugués mostró destellos de su calidad. Sus incursiones en campo rival, los cambios de ritmo y la capacidad para asociarse con el extremo de turno siguen siendo armas valiosas. Sin embargo, esa vocación ofensiva desmedida se convierte en su peor enemigo cuando el equipo necesita contención. En varias transiciones, Cancelo aparecía en posiciones avanzadas sin posibilidad de retorno, dejando huecos enormes que Elanga aprovechaba con inteligencia. El gol de Harvey Barnes, aunque remató solo por el sector de Ronald Araújo, nació precisamente de una jugada iniciada en el costado de Cancelo. El centro que llegó al segundo palo fue fruto de la incapacidad del lateral para cerrar el espacio y presionar a tiempo al rival. Un error que, si bien no fue directamente suyo en la marca final, evidenció la cadena de fallos defensivos que se originaron en su banda. Por suerte para el Barça, Joan García evitó el desastre mayor con una intervención providencial en un mano a mano claro que también surgió por la derecha. La sensación general fue que el Newcastle había identificado perfectamente el punto débil del esquema culé y atacó sin piedad esa zona. La situación de Cancelo en el club es paradójica. Llegó cedido hasta final de temporada como un refuerzo de emergencia, valorado por su versatilidad para jugar en ambos laterales y su experiencia en competiciones de élite. Sin embargo, con la plantilla diezmada por lesiones, ha pasado de ser un complemento a ser prácticamente indispensable. Este rol forzado no le permite asentarse ni tener competencia real, lo que agrava sus carencias cuando el rival presiona. El partido ante el Atlético de Madrid había mostrado su cara más positiva, con una actuación solvente que generó esperanzas. Pero la Champions League es otro nivel y el Newcastle, otra bestia. La exigencia defensiva que requiere el modelo de Flick deja poco margen para el error, y Cancelo todavía no ha asimilado completamente las mecánicas del sistema. Sus lecturas son lentas, sus reacciones tardías y su concentración fluctúa según la fase del juego. A sus 31 años, el portugués debería haber alcanzado la madurez táctica necesaria para este tipo de compromisos, pero su carrera ha estado marcada por la irregularidad. En el Manchester City de Pep Guardiola mostró su mejor versión, pero también fue cuestionado por su falta de compromiso defensivo. La cesión al Bayern Munich no terminó de cuajar y su aventura en Arabia parecía el epílogo de su etapa en el élite. El Barça le ha dado una última oportunidad, pero el reloj corre en su contra. La plantilla culé necesita soluciones inmediatas y no puede permitirse el lujo de esperar a que un jugador asimile conceptos básicos de posicionamiento. Las lesiones han sido una maldición, pero también han expuesto la falta de profundidad en la plantilla. La dirección deportiva debe reflexionar sobre la planificación de una posición tan estratégica como es el lateral derecho. Depender de un jugador cedido, con evidentes limitaciones defensivas y sin garantías de continuidad, es un riesgo calculado que puede salir muy caro en abril y mayo. Para Cancelo, el camino es claro: debe demostrar que puede ser fiable en ambas facetas del juego. Su talento no se discute, pero el fútbol moderno exige laterales completos, capaces de atacar con criterio y defender con contundencia. La confianza de Flick parece inquebrantable por ahora, pero los resultados y las sensaciones del equipo no acompañan. La eliminatoria ante el Benfica se presenta como una nueva oportunidad para redimirse, pero también como un examen de fuego donde cualquier error puede ser definitivo. El futuro de Cancelo en el Barça, y quizás en el fútbol de élite, pasa por estos próximos meses. Si logra adaptarse y minimizar sus errores, podría convertirse en una pieza valiosa para la recta final. Si no, su paso por el Camp Nou será recordado como otro intento fallido de rescatar un talento que nunca termina de explotar. La pelota está en su tejado, pero el tiempo se agota.

Referencias