El baloncesto español vive una jornada de profunda consternación tras el fallecimiento de Vicente Paniagua, una de las figuras más emblemáticas de la historia del Real Madrid. La noticia se conoció en la noche del sábado 7 de marzo, cuando el exjugador perdió la vida a los 78 años, dejando un vacío imposible de llenar en el corazón de la afición madridista y del deporte nacional.
Nacido en Alcázar de San Juan, provincia de Ciudad Real, Paniagua representó con orgullo sus orígenes castellano-manchegos durante toda su trayectoria. Su pasión por el baloncesto nació gracias a la influencia de Antonio Díaz Miguel, paisano suyo y referente del deporte en la región. Desde sus primeros pasos en el Balmes, equipo de su localidad natal, su talento fue evidente, hasta el punto de que el Real Madrid le hizo llegar una propuesta que cambiaría para siempre su vida.
La llegada de Paniagua al conjunto blanco marcó el inicio de una era dorada para el club. Durante 11 temporadas consecutivas (1966-1977), el alero se convirtió en pieza angular de un equipo que dominó el panorama nacional e internacional. Su palmarés es sencillamente espectacular: 10 ligas nacionales, 7 Copas del Rey, 3 Copas de Europa y una Intercontinental, sumando un total de 21 títulos que lo sitúan entre los jugadores más laureados de la entidad.
La contribución de Paniagua al éxito del Real Madrid trascendió las simples estadísticas. Su versatilidad en la pista, combinada con una visión de juego excepcional y un liderazgo natural, lo convirtieron en uno de los favoritos de la grada y un referente para sus compañeros. Su capacidad para jugar en múltiples posiciones y su inteligencia táctica lo hicieron indispensable para los entrenadores que pasaron por el banquillo blanco durante aquellos años mágicos. Su carisma y profesionalidad marcaron a toda una generación de jugadores que crecieron viéndole como modelo a seguir.
Además de su trayectoria clubística, defendió los colores de la selección española en ocho ocasiones, siempre bajo la dirección de su mentor Díaz Miguel. Aunque su paso por el combinado nacional fue breve comparado con su carrera en el club, siempre representó con honor la camiseta de su país en los momentos más importantes.
Tras colgar las botas en 1977, Paniagua nunca se desvinculó del baloncesto. Su amor por el deporte le llevó a asumir la presidencia de la Federación de Baloncesto de Castilla y La Mancha, donde trabajó incansablemente por el desarrollo del joven talento regional. Paralelamente, mantuvo una relación muy estrecha con el Real Madrid, especialmente con la sección de veteranos, que él mismo presidió y dinamizó durante décadas.
Bajo su liderazgo, los veteranos merengues recorrieron innumerables pistas, especialmente en su querida Castilla-La Mancha. No era raro ver a 'Pani', como le conocían sus amigos, volver a vestir el corto para disfrutar de su gran pasión. Su compromiso con la formación de nuevas generaciones también fue notable, a través de los campus que organizaba regularmente en diferentes puntos de la geografía española, donde transmitía no solo técnicas, sino también los valores que había aprendido durante su carrera profesional.
El vínculo de Paniagua con sus raíces siempre fue evidente. Llevó con orgullo el nombre de Alcázar de San Juan por todo el mundo, y su tierra supo retribuirle con múltiples reconocimientos. Desde 2018, la ciudad cuenta con un pabellón con su nombre, y el deportista recibió la Medalla de Oro del Deporte de Ciudad Real y la Medalla de Oro al Mérito Deportivo de Castilla-La Mancha. A nivel nacional, fue distinguido con la Medalla de Plata al Mérito Deportivo del Consejo Superior de Deportes y el Emblema de Oro y Brillantes de la Federación Española de Baloncesto.
Madrid, sin embargo, fue su segundo hogar. Desde que se enroló en el Real Madrid, mantuvo una conexión profunda con la ciudad y el club. Era una figura fundamental en las actividades de las viejas glorias del RMB, pero también colaboró como comentarista de los partidos del primer equipo en RMTV y acompañaba a la plantilla en sus desplazamientos cuando era posible. Su voz y su experiencia se convirtieron en un referente para los aficionados que seguían los partidos por televisión.
Las reacciones ante su pérdida no se han hecho esperar. Lorenzo Sanz Durán y Siro López, compañeros en las retransmiciones televisivas, le han dedicado emotivos mensajes de despedida. También han expresado su pesar jugadores de la actual plantilla como Tavares, Scariolo y Hezonja, así como miles de aficionados que han llenado las redes sociales de recuerdos y agradecimiento. El club ha emitido un comunicado oficial destacando su importancia histórica y su contribución al legado del baloncesto madridista.
Vicente Paniagua representa el espíritu del baloncesto de una época dorada, pero también los valores del compromiso, la lealtad y la pasión. Su legado perdurará en las generaciones de jugadores que formó, en los veteranos que dirigió y en el corazón de todos los que tuvieron el privilegio de verle jugar. Descansa en paz, leyenda.