El carnaval de Las Palmas de Gran Canaria alcanzó su punto culminante con la actuación estelar de Marc Anthony, quien se encargó de cerrar las celebraciones del medio siglo de esta festividad de interés turístico internacional. El parque de Santa Catalina se convirtió en el epicentro de la música caribeña, acogiendo a miles de personas que esperaban con ansias el regreso del intérprete de salsa más reconocido a nivel mundial.
La noche del viernes 27 de febrero de 2026 quedará grabada en la memoria de los asistentes, no solo por la música, sino también por los 40 minutos de retraso con los que inició el espectáculo. A pesar de la espera, el público mantuvo su entusiasmo intacto, demostrando una vez más que el carnaval de Las Palmas tiene una conexión especial con la música latina y sus máximos representantes. La paciencia de los asistentes fue recompensada con una velada que combinó perfectamente la nostalgia con la celebración.
Marc Anthony subió al escenario diseñado por Carlos Santos, una estructura que ha sido testigo de innumerables actuaciones durante los últimos dos meses. La expectativa era palpable, pero también existía cierta incertidumbre sobre el estado actual del artista. Su última visita a la ciudad, año y medio atrás, había dejado cierto recelo entre los críticos, quienes observaron una voz fatigada y un rendimiento que dependía en gran medida del talento de su banda y coristas. Aquella experiencia generó dudas sobre si el neoyorquino podría ofrecer un show a la altura de las circunstancias.
Sin embargo, esta ocasión resultó diferente. Desde el primer acorde de "Pa'lla voy", el público respondió con una energía contagiosa que inundó cada rincón del parque. La química entre el artista y sus seguidores fue evidente, creando una atmósfera de celebración genuina que trascendió cualquier duda previa. Las canciones se sucedieron con una mezcla de nostalgia y vigor, recordando los momentos más gloriosos de una carrera que ha vendido más de 12 millones de álbumes y acumulado 32 éxitos número uno en la lista latina de Billboard. Cada tema fue recibido con aplausos entusiastas y coreados por una audiencia que conocía cada letra de memoria.
El repertorio seleccionado para la noche demostró la sabiduría de un artista que conoce perfectamente lo que su público desea escuchar. "Valió la pena" resonó con especial intensidad, destacando por la hermosa sinfonía de metales en su coro final que elevó la emoción de los presentes. La interpretación fue un recordatorio de por qué Marc Anthony continúa siendo una referencia indiscutible del género salsero, aunque su influencia en el público más joven haya experimentado un declive comparativo con otros artistas que han visitado el carnaval recientemente. La canción se convirtió en un momento cumbre de la velada, con el público entonando cada palabra.
Es inevitable hacer comparaciones con actuaciones previas. Las colas para acceder a las primeras filas no alcanzaron la magnitud de las vividas en 2024 para ver a Manuel Turizo, ni mucho menos la expectación generada por la controvertida actuación de Maluma en la edición anterior. No obstante, la conexión de Marc Anthony con su público fiel posee una cualidad distinta, más profunda y arraigada en la tradición de la salsa clásica. Su presencia representa un puente entre las generaciones, entre los que crecieron escuchando sus canciones y los nuevos aficionados que descubren su música a través de plataformas digitales. Esta dualidad generacional es precisamente uno de los valores añadidos de su participación en el evento.
El estado vocal del intérprete sigue siendo tema de conversación entre los expertos musicales. A sus 56 años, la voz de Marc Anthony muestra signos evidentes del desgaste natural de décadas de intensas giras y presentaciones. Durante algunos momentos del concierto, se apreció cierta dificultad para alcanzar las notas más agudas que caracterizaron sus primeras grabaciones. Sin embargo, esta limitación quedó compensada por una banda de músicos excepcional y un equipo de coristas que suple cualquier carencia con una ejecución impecable. La profesionalidad de su equipo permitió que el espectáculo mantuviera un nivel de calidad excepcional.
La verdadera magia del espectáculo radicó en la capacidad de transformar estas posibles debilidades en fortalezas colectivas. El público no solo venía a escuchar una voz perfecta, sino a compartir un momento histórico con un artista que ha marcado época. Cada canción fue un viaje en el tiempo, un recuerdo compartido que unió a las 1,4 millones de personas que, según estimaciones oficiales, disfrutaron del evento. La emoción colectiva superó cualquier imperfección técnica, demostrando que la música en vivo es una experiencia que trasciende lo puramente auditivo.
La residencia en Las Vegas ha sido el foco principal de Marc Anthony en este 2026. Desde enero, el artista ha estado presentándose regularmente en el BleauLive Theater, dentro del hotel y casino Fontainebleau Las Vegas. Este compromiso artístico en la "ciudad del pecado" ha moldeado su formato escénico actual, con una producción más pulida y enfocada en la experiencia visual tanto como en la musical. El escenario de Las Palmas reflejó esta influencia, con una puesta en escena cuidada que incluía pantallas led de alta resolución, efectos de iluminación sofisticados y una coreografía estudiada que aprovechaba cada centímetro del espacio.
La agencia del artista impuso restricciones a la cobertura mediática, permitiendo únicamente la filmación de dos canciones para el registro gráfico y la captura de las primeras impresiones. Esta medida, lejos de limitar el impacto del evento, generó un aura de exclusividad que aumentó el valor de la experiencia para quienes estuvieron presentes físicamente. La música se vivió sin la intermediación constante de teléfonos móviles, creando una conexión más auténtica entre el escenario y la audiencia. Los asistentes pudieron disfrutar del momento presente sin la presión de documentarlo todo.
El cierre del concierto con "Vivir mi vida" resultó ser el momento más emotivo de la noche. Acompañado de un espectáculo pirotécnico que iluminó el cielo de Las Palmas, la canción se convirtió en un himno colectivo. Miles de voces se unieron a la del artista, creando una versión coral que simbolizaba perfectamente el espíritu del carnaval: comunidad, celebración y alegría compartida. Las llamas de los fuegos artificiales se reflejaban en los rostros emocionados del público, marcando un final épico para las celebraciones.
El carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, que este año ha extendido sus fechas más allá de lo habitual hasta encontrarse con un invierno terroso en sus últimos días, encontró en Marc Anthony el cierre perfecto para sus bodas de oro. La salsa, ese ritmo caribeño que tanto le sienta a la ciudad, demostró una vez más su poder para congregar a multitudes y crear momentos inolvidables. La elección del artista resultó acertada para una celebración que buscaba equilibrar tradición y modernidad.
Aunque el impacto mediático no haya alcanzado las cifras de otros artistas más jóvenes o polémicos, la actuación de Marc Anthony consolidó su posición como un pilar de la música latina. Su presencia en el carnaval no fue solo un concierto más, sino una declaración de principios sobre la permanencia de la salsa como género vivo y relevante en el panorama musical actual. En una época dominada por el reggaeton y otros géneros urbanos, la salsa de Marc Anthony representa la continuidad de una tradición musical con más de cincuenta años de historia.
La fiesta del medio siglo recibió el broche de oro que merecía, con la música que mejor representa la esencia del carnaval: ritmo, pasión y una conexión genuina con el público. Marc Anthony, con sus luces y sombras, demostró que la verdadera grandeza de un artista no reside en la perfección técnica, sino en la capacidad de mover masas y crear recuerdos duraderos. Las Palmas de Gran Canaria despidió su carnaval con la certeza de haber vivido una noche histórica, donde la salsa reinó sin competencia y el espíritu festivo se manifestó en toda su plenitud.