El Parque de los Príncipes presenció una noche de infarto. El Paris Saint-Germain, actual campeón de la Champions League, vivió una de esas veladas que ponen a prueba los nervios de su afición. Con un guion dramático, lleno de altibajos y un desenlace agónico, el conjunto francés logró sellar su pase a los octavos de final tras imponerse al Mónaco por 2-2 en el partido de vuelta, con un global de 5-4 a favor. La victoria, sin embargo, dejó más dudas que certezas sobre el estado de forma del equipo de Luis Enrique.
El encuentro arrancó con un PSG dominante en la posesión, pero falto de profundidad. Los parisinos movían el balón de lado a lado, buscando desgastar a un Mónaco bien plantado en defensa. Vitinha se erigió como el metrónomo del equipo, distribuyendo juego desde la base, pero sin encontrar fisuras en el muro monegasco. La sensación era de control, pero de ese control que no genera ocasiones claras.
La primera sacudida llegó de forma inesperada. Una falta lateral, aparentemente inofensiva, desembocó en la jugada que cambiaría el rumbo del partido. Coulibaly, defensa del Mónaco, cometió una infracción que el árbitro consideró lo suficientemente grave como para mostrarle la tarjeta roja. La expulsión dejó al conjunto visitante con diez hombres y abrió una brecha que el PSG aprovecharía con contundencia.
Con superioridad numérica, el equipo francés desató su potencial ofensivo. Doué, uno de los jugadores más activos del encuentro, recibió el balón en la banda derecha y encaró a la defensa rival. Su desborde creó el espacio necesario para que Marquinhos apareciera como un verdadero líder. El capitán brasileño, con olfato goleador, se anticipó a todos en el corazón del área y conectó un cabezazo impecable que batió a Kohn. El gol, el 1-0, daba tranquilidad a un PSG que necesitaba certezas.
Pero el Mónaco no se rindió. A pesar de la desventaja numérica, el equipo de Adi Hütter mantuvo su orgullo y buscó sorprender al rival. La respuesta no tardó en llegar. Teze, que había entrado en el segundo tiempo, aprovechó un error defensivo del PSG para recortar distancias. Una serie de rebotes en el área parisina acabó en sus botas, y el defensa no perdonó. El 1-1 volvía a poner la eliminatoria en vilo.
El partido entró entonces en una fase de máxima tensión. El PSG, consciente de que un gol del Mónaco complicaría seriamente su clasificación, optó por controlar el ritmo. Sin embargo, el fútbol tiene estas cosas. Una contra rápida, liderada por Achraf Hakimi, desestabilizó a la defensa monegasca. El lateral marroquí disparó con potencia, el balón rebotó en un defensor y el rechace cayó a los pies de Kvaratskhelia. El georgiano, con la sangre fría que le caracteriza, definió con maestría para establecer el 2-1. El gol prácticamente sentenciaba la eliminatoria.
Los minutos finales fueron un calvario para la parroquia local. El Mónaco, con la bandera blanca en el bolsillo pero sin rendirse del todo, siguió buscando la heroica. Teze volvió a aparecer con un cabezazo que estuvo a punto de dinamitar la noche parisina, pero su remate careció de la contundencia necesaria. El PSG, por su parte, gestionó el tiempo con inteligencia, aunque sin brillar.
El pitido final desató la euforia contenida. El PSG estaba en octavos, pero la sensación era de alivio más que de celebración. El rendimiento del equipo había sido lejano al que se espera de un vigente campeón de Europa. La posesión no se tradujo en ocasiones claras hasta la expulsión, y la defensa mostró lagunas preocupantes.
Ahora, el destino del conjunto francés pasa por un sorteo que le puede deparar rivales de máximo nivel. Barcelona o Chelsea esperan en la siguiente ronda, dos gigantes con hambre de gloria europea. El Newcastle, por su parte, será el rival del que no le toque al PSG, una suerte relativa en unos octavos que se presentan apasionantes.
El análisis del encuentro deja varias conclusiones. Primera, el PSG necesita encontrar su mejor versión si quiere revalidar el título. Segunda, la expulsión de Coulibaly fue el punto de inflexión sin el cual la historia podría haber sido otra. Tercera, jugadores como Doué y Kvaratskhelia están llamados a ser protagonistas en esta Champions.
Luis Enrique tendrá trabajo que hacer en las próximas semanas. El sistema, basado en el control absoluto del balón, necesita mayor verticalidad. La defensa, por su parte, debe corregir los errores que casi le cuestan la eliminatoria. El camino hacia la final es largo, y el PSG no puede permitirse más sustos como el vivido ante el Mónaco.
El fútbol, en definitiva, es un deporte de resultados. Y el resultado dice que el PSG está en octavos. Pero las sensaciones cuentan, y las sensaciones dicen que el campeón necesita despertar. La Champions no perdona, y ni Barcelona ni Chelsea regalarán nada. La noche del Parque de los Príncipes quedará en el recuerdo como una de esas victorias sufridas que, a veces, son las que más valen. Pero también como una advertencia. El PSG ha pasado, pero debe mejorar. Mucho.