El cantante Mikel Izal ha dado un paso audaz en su carrera musical con el lanzamiento de su primer álbum en solitario, un proyecto que nace de la incertidumbre pero que ha encontrado una recepción entusiasta por parte del público. En una conversación reciente, el artista desvela los detalles de esta nueva etapa, marcada por la autenticidad y la vulnerabilidad como herramientas creativas.
La transición de una banda consolidada como Izal a una carrera individual no es tarea sencilla. Mikel reconoce que el vértigo y la incertidumbre han sido compañeros constantes en este viaje. Sin embargo, la respuesta del público ha superado todas sus expectativas. Desde el anuncio de la separación del grupo, el artista percibió un respeto genuino por parte de sus seguidores, quienes, aunque tristes por el final de una era, mostraron una mente abierta hacia los nuevos proyectos, tanto del propio Mikel como de su compañero Alberto Pérez.
El proceso creativo de este disco estuvo marcado por un momento personal difícil a principios de 2021. Fue precisamente esta mala racha la que sirvió como catalizador para la creación de nuevas composiciones. El artista reflexiona sobre cómo los momentos adversos pueden generar regalos inesperados, impulsándolo a abrirse emocionalmente y a desnudarse artísticamente de una manera más profunda que nunca antes.
Uno de los cambios más significativos en su evolución como compositor es la forma de abordar las letras. Mientras que en los primeros discos de Izal se escondía detrás de metáforas encriptadas que solo él comprendía plenamente, ahora, con 13 o 14 años más de experiencia, ha desarrollado una mayor falta de vergüenza a la hora de mostrarse. Esta madurez artística se traduce en canciones más directas y sinceras.
La frase "Mejor pecar por ser sincero", extraída de su canción "La rabia", resume perfectamente la filosofía de este nuevo trabajo. Mikel cree que la conexión que está experimentando con el público se debe precisamente a esta honestidad. Al escribir a tumba abierta sobre sus experiencias reales, los oyentes captan una verdad que trasciende la simple melodía, creando un vínculo más profundo y auténtico.
Las estadísticas de Spotify confirman la diversidad de su audiencia, con un 68,5% de público femenino y un 31,5% masculino. Sin embargo, el artista destaca que lo que realmente le sorprende es la intergeneracionalidad de sus conciertos, donde conviven diferentes edades y géneros en un mismo espacio, creando una experiencia colectiva única.
El miedo y la ansiedad no son ajenos a Mikel Izal. El músico admite ser propenso a agobiarse con facilidad y a imaginar futuros distópicos, una tendencia que está aprendiendo a gestionar. Reconoce que este sobrepensar es común a muchas personas y no hay que dramatizarlo, sino trabajarlo conscientemente.
El disco en solitario representa para el artista una aventura nueva con puntos en común con su etapa anterior. Sigue siendo el compositor de las canciones y la voz, y su forma de pensar y escribir permanece intacta. Sin embargo, el cambio de contexto le ha permitido explorar territorios emocionales más profundos y personales.
La gestión del vértigo buscado es otra de las claves de este proceso. Dejar un proyecto consolidado como Izal generó miedo, pero fue un miedo deliberado y necesario para su crecimiento artístico. Hasta el momento, este vértigo se ha transformado en disfrute, tanto en el proceso de creación como en la recepción del público.
La conexión con los seguidores se ha intensificado gracias a los mensajes que recibe, donde la gente le hace saber cómo sus canciones honestas resuenan en sus propias vidas. Esta retroalimentación valida su decisión de apostar por la sinceridad por encima de la perfección técnica o la sobreprotección emocional.
El artista también reflexiona sobre cómo la vulnerabilidad se ha convertido en su mayor fortaleza. Al mostrarse tal cual es, sin filtros ni metáforas excesivas, ha logrado crear un espacio de encuentro con el público donde la empatía fluye naturalmente. Este enfoque no solo enriquece su música, sino que también contribuye a destigmatizar el hablar abiertamente sobre momentos difíciles.
La gira de presentación de este álbum ha confirmado las expectativas positivas. Los conciertos han sido espacios donde la diversidad de público crea una atmósfera especial, donde jóvenes y adultos comparten la experiencia de la música en directo sin barreras generacionales.
Mikel Izal demuestra que la resiliencia y la autenticidad son valores fundamentales en la creación artística contemporánea. Su historia sirve de ejemplo para otros artistas que enfrentan transiciones similares o que dudan sobre mostrar su lado más vulnerable al público.
El futuro de su carrera en solitario se presenta prometedor, con un público fiel que valora la honestidad por encima de todo. La lección principal de esta experiencia es que a veces los momentos más oscuros pueden generar las creaciones más luminosas, siempre que haya valentía para enfrentarlos y transformarlos en arte.
En definitiva, Mikel Izal ha convertido su incertidumbre en oportunidad, su miedo en motor creativo y su vulnerabilidad en conexión genuina con el público. Un viaje que apenas comienza pero que ya deja claro que la sinceridad, lejos de ser una debilidad, es la herramienta más poderosa del artista contemporáneo.