Entrenador español en México: Llevamos días sin poder salir del hotel por el código rojo

Ángel Villacampa, técnico del América femenino, relata el confinamiento forzoso de su equipo en Guadalajara tras la escalada de violencia por el narcotráfico

El fútbol mexicano se ha visto sacudido por una crisis de seguridad sin precedentes en los últimos días. La muerte de uno de los capos del narcotráfico más poderosos del país ha desatado una espiral de violencia que ha puesto en jaque a las autoridades y ha paralizado la vida cotidiana en varias regiones, especialmente en el estado de Jalisco. En este contexto de extrema tensión, el deporte ha quedado relegado a un segundo plano, convertido en víctima colateral de un conflicto que supera con creces las fronteras del terreno de juego.

Ángel Villacampa, técnico español al frente del América femenino, ha vivido en primera persona las consecuencias de esta escalada delictiva. Su equipo se encontraba en Guadalajara preparando el Clásico cuando las autoridades decretaron el código rojo, el nivel de alerta máxima, obligando a suspender el encuentro y a confinar a toda la expedición en las instalaciones del hotel.

El entrenador toledano, en declaraciones a Radio MARCA, ha descrito una situación límite: "Nos comunicaron por la mañana la activación del código rojo. Las instrucciones eran claras: no podíamos ni acercarnos al lobby del hotel. La prioridad absoluta era nuestra seguridad". Estas palabras reflejan la gravedad del momento que vive el país azteca, donde la violencia desatada por el crimen organizado ha alcanzado niveles críticos.

El confinamiento ha sido total. Durante más de 48 horas, jugadoras y cuerpo técnico han permanecido encerrados entre cuatro paredes, vigilados constantemente por seguridad privada y sin poder pisar la calle. "La sensación es de desconcierto total. Ves cómo la ciudad se vacía en cuestión de minutos, cómo la gente desaparece de las calles y todo se paraliza. Es una imagen que te remite a los peores momentos de la pandemia", ha reconocido Villacampa.

El escenario en las calles de Guadalajara resulta desolador. La metrópoli más importante del occidente mexicano se ha convertido en un escenario fantasma: comercios con persianas bajas, gasolineras incendiadas, vehículos destruidos y una ausencia total de civiles en la vía pública. La zona donde debía disputarse el Clásico se encuentra a escasos 100 metros del epicentro de los incidentes, lo que justificó la activación inmediata de los protocolos de emergencia.

La crisis ha trascendido el ámbito puramente deportivo. El cierre del aeropuerto de Guadalajara ha dejado a las futbolistas internacionales del América sin poder incorporarse a sus respectivas selecciones nacionales en plena ventana FIFA. "Ninguna jugadora abandonará el hotel hasta que las autoridades confirmen que el riesgo ha desaparecido por completo", ha enfatizado el entrenador español.

El club ha gestionado la situación con profesionalismo, manteniendo una comunicación constante con la expedición y transmitiendo tranquilidad en medio del caos. "Al principio te cuesta dimensionar la gravedad, pero cuando ves las imágenes y comprendes la magnitud del problema, entiendes que no hay alternativa. El América nos ha respaldado en todo momento y eso ha sido fundamental para mantener la calma", ha asegurado Villacampa.

El vestuario, compuesto por jóvenes futbolistas, ha mostrado una madurez notable. Aunque el susto inicial fue considerable, el grupo ha sabido canalizar la tensión mediante el diálogo y el apoyo mutuo. "Hablar de fútbol, de tácticas, de próximos partidos nos ayuda a despejar la mente. Es nuestra forma de escapar de la realidad que nos rodea", confiesa el técnico.

La preocupación en España, especialmente en Toledo, ciudad natal de Villacampa, ha sido evidente. Familiares y amigos han contactado constantemente con el entrenador, angustiados por las noticias que llegan desde México. "Desde la distancia se vive con mayor angustia. Aquí, aunque estamos confinados, nos sentimos protegidos. Pero las imágenes que se ven en los medios asustan a cualquiera", reconoce.

Esta crisis pone de manifiesto una vez más cómo el narcotráfico y la violencia que genera traspasan todas las barreras. El fútbol, que en México es una pasión nacional, se ve obligado a doblegarse ante una realidad que supera cualquier planificación deportiva. Los estadios vacíos, los partidos suspendidos y las expediciones confinadas son solo la punta del iceberg de un problema estructural que aqueja al país.

El regreso a la Ciudad de México sigue sin fecha concreta. Las autoridades del club han sido claras: el regreso se producirá cuando existan garantías totales de seguridad, sin importar el tiempo que ello suponga. "Nos han dicho que será seguro, no rápido. Y en estas circunstancias, eso es lo único que importa", ha manifestado Villacampa.

Mientras tanto, las horas siguen pasando lentamente en el hotel. Las jugadoras entrenan en sus habitaciones, el cuerpo técnico planifica sesiones teóricas y el personal del club coordina logística para el regreso. La incertidumbre sobre la duración del confinamiento genera una tensión constante, pero la prioridad sigue siendo una sola: la integridad física de cada miembro de la expedición.

La experiencia de Villacampa y su equipo refleja la complejidad de desarrollar el deporte profesional en un contexto de inseguridad generalizada. Mientras en otros países los principales problemas son los horarios o las condiciones del terreno de juego, en México el crimen organizado puede paralizar una ciudad entera y poner en riesgo la vida de deportistas.

El caso del América femenino no es aislado. Numerosos encuentros de diferentes categorías han sido suspendidos en todo el país. La Liga MX, la Liga MX Femenil y las categorías inferiores han visto alterados sus calendarios, generando un caos organizativo sin precedentes en el fútbol azteca.

La situación ha generado debate sobre la viabilidad de mantener el calendario deportivo en regiones afectadas por la violencia. Expertos en seguridad y dirigentes deportivos debaten la necesidad de implementar protocolos más robustos que protejan a deportistas y cuerpos técnicos, sin poner en riesgo la competición.

Para Villacampa, esta experiencia supone un bautismo de fuego en su trayectoria profesional. El entrenador español, formado en las categorías inferiores del Real Madrid y con pasado en el fútbol español, nunca había enfrentado una situación similar. "Es algo que no te enseñan en ningún curso de entrenador. La gestión de crisis va más allá del terreno de juego", reflexiona.

El futuro inmediato del equipo pasa por esperar. Esperar a que baje la tensión, esperar a que las autoridades den el visto bueno, esperar a poder regresar a casa. Mientras tanto, el fútbol queda en suspenso, sustituido por preocupaciones de supervivencia en un contexto que pone en jaque las libertades más básicas.

La historia de Villacampa y el América femenino es un recordatorio de que el deporte no existe en un vacío. Está inmerso en la realidad social y política de cada país, y cuando esta realidad se vuelve violenta y caótica, el fútbol deja de ser un espectáculo para convertirse en un testimonio de supervivencia.

Referencias