La madrugada del jueves quedará grabada en la memoria del tenis español. En el Rod Laver Arena de Melbourne, Carlos Alcaraz escribió una nueva página de su leyenda al superar al alemán Alexander Zverev en una semifinal del Open de Australia que rozó la perfección dramática. Los números hablan por sí solos: 5 horas y 27 minutos de combate ininterrumpido, una cifra que convierte este encuentro en el tercero más largo de toda la historia del torneo. Pero más allá de las estadísticas, lo que realmente conmocionó al mundo deportivo fue la demostración de carácter de un jugador que supo recomponerse de un bajón físico evidente en el segundo set para terminar imponiendo su ley.
El partido tuvo de todo: altibajos, momentos de desesperación, destellos de genialidad y una resiliencia que definió el resultado final. Alcaraz, actual número uno del ranking mundial, mostró una vez más por qué ocupa esa posición privilegiada. No fue un camino fácil. La adversidad se presentó de forma clara cuando su cuerpo pareció traicionarle en la mitad del encuentro, generando dudas sobre su capacidad para aguantar el ritmo extenuante que él mismo había impuesto. Sin embargo, lo que pudo haber sido el principio del fin se convirtió en la antesala de una remontada épica.
Las reacciones no se hicieron esperar. Desde todos los rincones del planeta tenístico llegaron muestras de admiración, pero una de las más destacadas fue la de Álex Corretja, extenista profesional y ahora comentarista habitual de Eurosport. Su análisis trascendió lo meramente técnico para adentrarse en la esencia de lo que significa competir al más alto nivel. Corretja, con la experiencia de quien ha vivido situaciones límite en las pistas, captó a la perfección el mensaje que Alcaraz transmitió sin necesidad de pronunciar palabra.
"Esos días que no puedes, que quizá sientes dudas de si vale la pena, cuando te empujan tus entrenadores y tú te levantas por la mañana pensando 'por favor, ojalá que esté lloviendo, que hoy quiero descansar' y abres la ventana y hace un sol radiante. Esos son los días en los que dices 'hoy es cuando me toca'", reflexionó Corretja en sus declaraciones a la cadena europea. Con esta metáfora, el exjugador catalán puso el dedo en la llaga de la realidad deportiva: el triunfo no se construye en los días fáciles, sino en aquellos momentos en los que el cuerpo pide a gritos un respiro y la mente debe tomar las riendas.
El mensaje de Corretja continúa desgranando la clave del éxito sostenible: "Porque cuando es fácil todo el mundo es capaz de hacerlo, lo difícil es cuando te cuesta, cuando ves que no te apetece, que las piernas no te dan... Y aun así tienes detrás gente apoyándote, tus entrenadores, tu familia...". Esta frase resume décadas de conocimiento acumulado en el circuito profesional. El tenis, como la vida, se mide por la capacidad de superar la resistencia interna, ese diálogo constante entre la comodidad y la excelencia.
Lo que emocionó especialmente a Corretja fue precisamente esa capacidad de Alcaraz para transformar el sufrimiento en victoria. "Me emociona verle así, porque tú no ganas hoy, tú ganas con muchos años de trabajo", aseguró. Aquí radica la gran verdad que muchos espectadores ignoran: cada punto ganado en una semifinal de Grand Slam es el fruto de miles de horas de entrenamiento, de sacrificios anónimos, de madrugadas en pistas vacías y de decisiones difíciles tomadas años atrás. Alcaraz no ganó solo en Melbourne; ganó en cada sesión de preparación, en cada día de duda superado, en cada lesión sorteada.
La actitud, ese concepto intangible pero decisivo, fue el eje central del discurso de Corretja. El extenista fue tajante al respecto: "Ojalá sea capaz de ganar el domingo, aunque ya ha demostrado al mundo entero, igual que Zverev que la actitud es lo único que no se puede negociar, ni como persona ni como deportista". Esta afirmación eleva el debate más allá del resultado final. Independientemente de lo que ocurra en la final del 1 de febrero, Alcaraz ya ha dejado una enseñanza invaluable: la excelencia no se negocia, se construye con principios inquebrantables.
La comparación implícita con Zverev también resulta significativa. Aunque el alemán cayó derrotado, su actitud durante el encuentro fue igualmente ejemplar. Ambos jugadores mostraron un nivel de compromiso que trasciende el marcador. En la élite deportiva, donde las diferencias físicas y técnicas son mínimas, la mentalidad se convierte en el factor diferenciador. Corretja, con su perspicacia habitual, reconoció este paralelismo entre ambos competidores.
El contexto de la victoria de Alcaraz cobra aún más relevancia si consideramos la presión que soporta. A sus 21 años, el murciano ya es considerado el líder de una nueva generación que busca suceder a los grandes mitos del tenis moderno. Cada partido suyo no es solo una competición, sino una prueba de fuego donde se examina su capacidad para liderar esta transición generacional. La expectativa es enorme, tanto en España como en el resto del mundo, y sin embargo, su rendimiento parece crecerse ante el desafío.
La semifinal australiana se suma a una lista cada vez más extensa de hazañas memorables. Desde su primer Grand Slam en el US Open 2022 hasta su dominio en Wimbledon, Alcaraz ha demostrado una versatilidad y una madurez que desafían su corta edad. Pero lo que realmente distingue a los campeones de los meramente talentosos es precisamente lo que mostró en Melbourne: la capacidad de encontrar soluciones cuando nada funciona, de creer cuando la lógica sugiere rendirse.
El análisis de Corretja también apunta a un aspecto crucial del alto rendimiento: el sistema de apoyo. Mencionar a entrenadores y familia no es un cliché, es una realidad tangible. El tenis es un deporte individual, pero ningún jugador llega solo a la cima. La estructura que rodea a Alcaraz, liderada por Juan Carlos Ferrero, ha sabido gestionar su talento sin quemarlo, permitiéndole crecer de forma orgánica mientras se consolidaba física y mentalmente. Esa paciencia estratégica es tan valiosa como los golpes ganadores que deslumbra en la pista.
Ahora, la mirada está puesta en la final del domingo. Será otra oportunidad para que Alcaraz demuestre su valía, aunque como bien señaló Corretja, su lección ya ha sido impartida. El título sería la guinda a un torneo excepcional, pero la esencia de su legado en esta edición del Open de Australia ya está escrita en letras mayúsculas. Se trata de un relato sobre resiliencia, trabajo y actitud innegociable.
El tenis español vive un momento dorado, y Alcaraz es su máximo embajador. Cada victoria suya refuerza una tradición de excelencia que comenzó con figuras como Corretja mismo, continuó con los éxitos de Rafael Nadal, y ahora encuentra en el joven murciano a su máximo exponente. La transición generacional no solo ha sido exitosa, ha sido espectacular.
Cuando el domingo se levante el telón de la final, independientemente del rival, Alcaraz tendrá la oportunidad de cerrar un ciclo perfecto. Pero más allá del trofeo, lo que permanecerá es la imagen de un jugador que se negó a perder cuando su cuerpo le pedía rendirse. Esa es la enseñanza que Corretja, desde su experiencia, supo identificar y transmitir. Porque al final, el deporte no se trata solo de ganar partidos, sino de construir un carácter que inspire a las próximas generaciones.
La semifinal de Melbourne quedará en los libros de historia por su duración, pero también por su contenido emocional. Fue un maestro de cómo transformar la adversidad en oportunidad, de cómo el trabajo silencioso precede al ruido de la gloria. Alcaraz no solo ganó un pase a la final; ganó el respeto de toda una comunidad deportiva que reconoce en él los valores que definen a los verdaderos campeones. Y eso, como dijo Corretja, no se negocia.