El mundo del cine está lleno de curiosidades que trascienden la pantalla, pero pocas son tan fascinantes como aquellas donde la realidad legal se entrelaza con la ficción. Un caso paradigmático es el de Pactar con el diablo, el thriller de 1997 protagonizado por Keanu Reeves y Al Pacino, que se vio envuelto en una controversia judicial que forzó a Warner Bros. a modificar la cinta después de su estreno.
La productora intentó aplicar un borrón y cuenta nueva, no por razones artísticas, sino por una demanda que perdió de manera contundente. El problema no radicaba en el argumento satánico ni en las polémicas escenas con abogados corruptos, sino en un elemento aparentemente menor: una escultura que aparecía en el fondo de varias secuencias.
El reconocido artista Frederick Hart identificó en esa obra una similitud excesiva con su creación 'Ex Nihilo', una pieza que representa la génesis del universo ubicada en la Catedral Nacional de Washington. La reproducción cinematográfica, situada en el lujoso despacho del personaje de Al Pacino, era tan idéntica que Hart interpuso una acción legal contra el estudio por violación de derechos de autor.
El tribunal determinó que la semejanza no era producto de la casualidad, sino un plagio evidente que merecía reparación. Ante esta sentencia, Warner Bros. se vio obligada a tomar medidas drásticas. La película ya había completado su paso por los cines, pero aún estaba en proceso de distribución doméstica. La solución fue clara: censurar digitalmente la escultura en todas las copias futuras mediante técnicas de CGI.
El verdadero desafío surgió cuando los ejecutivos revisaron los inventarios. Para ese entonces, la compañía ya había manufacturado aproximadamente 475,000 copias en formato DVD y VHS con la versión original intacta. Destruir todo ese material representaría pérdidas millonarias, por lo que se negoció un acuerdo especial con Hart.
El convenio permitió que estas unidades se distribuyeran globalmente con un propósito específico: exclusivamente para alquiler. Una vez cumplido ese ciclo comercial, Warner se comprometía a vender únicamente la edición censurada. Este pacto resolvió el conflicto legal, pero creó un fenómeno inesperado en el coleccionismo cinematográfico.
Las ediciones domésticas posteriores, ya sea en DVD, Blu-Ray o la reciente versión en UHD 4K, todas presentan la escultura digitalmente borrada. Incluso el montaje del director, que suele incluir escenas eliminadas, omite por completo la controvertida obra. La versión que el público vio en salas se convirtió en un verdadero fósil cinematográfico.
Esas 475,000 copias originales, destinadas solo al mercado de alquiler, terminaron filtrándose al comercio de segunda mano. Coleccionistas descubrieron que poseían una pieza única: la única forma de ver la película tal como fue concebida originalmente, fuera del material exhibido en cines.
El valor de estas unidades se disparó inmediatamente. En plataformas como eBay, una copia de la versión sin censura puede alcanzar los 139,99 dólares, una cifra considerablemente superior al costo de una edición estándar. Este precio refleja una tendencia creciente en el mercado de objetos cinematográficos raros.
El fenómeno responde a varios factores. Primero, la escasez controlada: se conoce el número exacto de unidades. Segundo, la autenticidad histórica: representan la versión original antes de la intervención legal. Tercero, la narrativa detrás del objeto: la historia de la demanda añade un valor simbólico que trasciende el contenido.
Este caso ilustra cómo los conflictos legales de propiedad intelectual pueden crear mercados secundarios inesperados. Mientras Warner intentó borrar el error del mapa, fragmentó involuntariamente la historia de su película en dos versiones claramente diferenciadas: la versión 'comercial' y la versión 'de coleccionista'.
Para los aficionados, poseer una de estas copias equivale a tener un testimonio tangible de un capítulo legal del séptimo arte. No se trata solo de ver la escultura de Hart, sino de experimentar la película en su forma pura, antes de que la presión judicial forzara una modificación.
El mercado de ediciones cinematográficas raras ha crecido exponencialmente, impulsado por plataformas digitales que facilitan la conexión global entre compradores y vendedores. En este contexto, 'Pactar con el diablo' ocupa un lugar especial, ya que su rareza no proviene de una edición limitada intencional, sino de un error legal que la productora intentó, sin éxito, eliminar.
Los coleccionistas especializados consideran estas copias como inversiones culturales. Su valor no solo se mantiene, sino que tiende a apreciarse con el tiempo, especialmente a medida que el formato físico se vuelve más escaso y la nostalgia por el cine de los 90 aumenta.
Es crucial destacar que, aparte de estas copias domésticas y del negativo original proyectado en cines, no existe otra forma de acceder a esta versión. Las plataformas de streaming, las reediciones modernas y hasta las versiones 'remasterizadas' presentan inevitablemente la escultura digitalmente eliminada, cumpliendo así con el acuerdo legal establecido hace más de dos décadas.
El caso de 'Pactar con el diablo' sirve como precedente de cómo las decisiones legales en materia de derechos de autor pueden tener efectos duraderos en la preservación cinematográfica. Mientras que la intención de Warner era protegerse de futuras demandas, creó involuntariamente dos versiones oficiales de su propia película, convirtiendo la original en un artículo de lujo para un nicho muy específico de entusiastas.
En definitiva, lo que comenzó como un problema legal menor -la presencia de una escultura en el fondo de algunas escenas- derivó en un fenómeno de mercado que perdura hasta hoy. Las 475,000 copias originales continúan circulando, cada vez más valiosas, recordándonos que en la era digital, el físico puede convertirse en un bien preciado, especialmente cuando porta consigo una historia tan peculiar como la que envuelve a esta producción de Hollywood.