Reportera pide perdón por foto en tragedia de Adamuz: polémica en redes

Arancha Pérez Ponce, colaboradora de 'Y ahora, Sonsoles', se disculpa tras publicar una imagen insensible ante el tren descarrilado que causó 45 víctimas mortales.

La crisis de reputación digital ha alcanzado a una profesional del programa de Antena 3 'Y ahora, Sonsoles' tras una publicación que desató una ola de indignación en las redes sociales. Se trata de Arancha Pérez Ponce, quien compartió una fotografía personal en el lugar del accidente ferroviario de Adamuz, donde un tren de alta velocidad de la compañía Iryo descarriló causando una tragedia sin precedentes con 45 fallecidos. La imagen, acompañada del polémico texto 'La zona cero del dolor', fue interpretada por miles de usuarios como una muestra de falta de empatía y sensibilidad ante una catástrofe humana. Este incidente pone de relieve los desafíos que enfrentan los comunicadores en la era de la inmediatez digital, donde la línea entre el trabajo profesional y la exposición personal se difumina constantemente. La reportera, que se encontraba en el lugar para cubrir la información para el magazine de Antena 3, decidió capturar el momento no solo para su reportaje, sino también para sus perfiles personales, lo que desencadenó una reacción en cadena de críticas que la obligaron a retractarse públicamente. El contexto del accidente ferroviario en Adamuz, una localidad cordobesa que se convirtió en el epicentro de una de las peores tragedias del transporte español de las últimas décadas, requería una cobertura periodística rigurosa y respetuosa. Sin embargo, la decisión de la profesional de posar ante las cámaras con el tren siniestrado como fondo fue percibida como una banalización del sufrimiento de las víctimas y sus familias. Las redes sociales, especialmente la plataforma X (anteriormente Twitter), se convirtieron en un altavoz de la indignación colectiva. Comentarios como 'Ya empezamos... Les ha faltado tiempo' reflejaban la percepción de que ciertos medios y profesionales estaban aprovechando la tragedia para generar contenido sensacionalista. La velocidad viral con la que se propagó la imagen demostró el poder de las comunidades digitales para juzgar y castigar públicamente lo que consideran comportamientos inapropiados. Ante la presión, Pérez Ponce optó por eliminar la publicación de su perfil de Instagram, pero el daño ya estaba hecho. Las capturas de pantalla habían circulado ampliamente, y el debate sobre la deontología periodística en espacios digitales personales ya estaba en marcha. Días después, la comunicadora emitió un comunicado público a través de sus historias en Instagram, donde expresó su arrepentimiento de manera contundente. 'Lamento profundamente y de corazón si mi publicación ha herido o molestado a alguien en estos trágicos momentos. Soy consciente de la magnitud de esta tragedia y de las vidas rotas que ha causado este desastre', manifestó la reportera en su mensaje de disculpa. En su texto, Pérez Ponce enfatizó que 'Nada más lejos de mi intención que herir a alguien. Mi máxima solidaridad con las víctimas', un intento por zanjar la polémica y reconstruir su imagen profesional. Sin embargo, este caso sirve como case study sobre cómo las acciones individuales en redes pueden afectar la credibilidad de toda una organización mediática. El programa 'Y ahora, Sonsoles', dirigido por Sonsoles Ónega, no se ha pronunciado oficialmente sobre el incidente, pero la situación pone en tela de juicio los protocolos de comunicación que deben seguir los profesionales cuando cubren eventos de extrema sensibilidad. La formación en gestión de redes sociales para periodistas se ha convertido en una necesidad imperiosa. No basta con saber informar; hay que comprender el impacto emocional y social de cada publicación, especialmente cuando se trata de tragedias con víctimas reales. El derecho a la información debe equilibrarse siempre con el derecho al duelo y la privacidad de los afectados. Expertos en comunicación de crisis señalan que la reacción de Pérez Ponce, aunque tardía, siguió los pasos correctos: reconocimiento del error, disculpa sincera y muestra de empatía. No obstante, la autenticidad de las disculpas en el contexto digital siempre es cuestionada, ya que los usuarios perciben a menudo estas retractaciones como obligadas por la presión pública más que por un genuino arrepentimiento. La tragedia de Adamuz ha dejado lecciones múltiples: sobre seguridad ferroviaria, sobre respuesta institucional, y también sobre responsabilidad mediática. Los periodistas son los primeros testigos de la historia, pero también deben ser guardianes de la dignidad humana. La línea entre informar y exponer, entre documentar y explotar, es más fina que nunca en la era del contenido constante. Este incidente recordará a los profesionales de la comunicación que su poder de influencia conlleva una responsabilidad proporcional. Una fotografía puede valer más que mil palabras, pero también puede destruir reputaciones y minimizar el dolor colectivo si no se publica con la debida sensibilidad y contexto. La empatía digital no es solo una habilidad blanda; es un requisito ético para quienes tienen la palabra como herramienta de trabajo.

Referencias