El Real Madrid consiguió una victoria trabajosa ante el Levante (2-0) en un encuentro que volvió a dejar más dudas que certezas sobre el estado de forma del conjunto blanco. Sin embargo, entre la mediocridad colectiva, surgió una única luz de esperanza: Arda Güler. El joven talento turco, que saltó al césped en la reanudación, se convirtió en el catalizador que el equipo necesitaba para desbloquear un partido que se resistía.
La primera mitad del encuentro dejó entrever las mismas carencias que vienen lastrando al equipo desde el inicio de la temporada. Un fútbol predecible, falto de ritmo y con una posesión estéril que no generaba peligro real sobre la portería rival. La salida de Eduardo Camavinga al descanso, quien no había logrado incidir en el juego, abrió la puerta a la entrada del centrocampista otomano, una decisión que cambió por completo el signo del choque.
Desde el momento en que pisó el terreno de juego, Güler aportó algo que el Madrid había echado en falta: verticalidad, creatividad y una visión de juego que rompió las líneas defensivas del Levante. Su posición como mediapunta con libertad de movimientos le permitió explorar espacios entre líneas, asociarse con los atacantes y, sobre todo, generar las situaciones de peligro que habían brillado por su ausencia en los primeros cuarenta y cinco minutos.
El contraste entre ambas partes del encuentro fue abrumador. Mientras que en el primer tiempo el Madrid parecía un equipo anclado en el juego horizontal, con pases sin profundidad y una falta de ideas preocupante, la segunda mitad mostró una versión más eléctrica y peligrosa. Güler se convirtió en el eje sobre el que giró el ataque merengue, encontrando a sus compañeros con precisión quirúrgica y creando los espacios que Kylian Mbappé tanto demanda.
La conexión entre el francés y el turco se ha consolidado como uno de los pocos aspectos positivos del juego ofensivo del equipo. Desde la llegada de Güler al once, Mbappé ha encontrado en él a su mejor socio, un jugador capaz de entender sus movimientos y servirle balones en condiciones óptimas para explotar su velocidad y definición. Ante el Levante, esta sociedad volvió a dar frutos, demostrando que la química entre ambos es real y no fruto de la casualidad.
Sin embargo, la brillantez individual de Güler no puede ocultar los problemas estructurales que aquejan al conjunto de Álvaro Arbeloa. El equipo continúa mostrando un fútbol sin alma, lento en la circulación y con una falta de ideas que preocupa a la afición y a los analistas. La dependencia de un jugador de 19 años para generar fútbol es un síntoma de una planificación deportiva que no ha funcionado como se esperaba.
El estilo de juego del Madrid bajo el mando de Arbeloa ha sido objeto de críticas constantes. Un equipo que prioriza la posesión por encima de la efectividad, que juega más de lado a lado que hacia adelante y que carece de la verticalidad que caracterizó a los mejores equipos blancos de la historia. Güler, con su instinto ofensivo y su capacidad para ver pases que otros no contemplan, representa justamente lo contrario a esta filosofía conservadora.
La pregunta que surge inevitablemente es por qué un jugador con tales condiciones no es titular indiscutible. Su impacto desde el banquillo ha sido tan evidente que resulta difícil justificar su ausencia en el once inicial. La decisión de reservarlo para la segunda mitad puede obedecer a criterios de gestión de minutos, dado su historial de lesiones, pero también revela una falta de confianza en su capacidad para mantener el ritmo durante noventa minutos.
La realidad es que el Madrid necesita urgentemente de su talento. En un contexto donde los resultados no acompañan y el juego no convence, Güler se ha erigido como la única fuente de ilusión para una afición ávida de fútbol espectacular. Sus regates, su visión y su capacidad para cambiar el ritmo del partido son cualidades que escasean en el plantel actual.
El partido ante el Levante también sirvió para constatar que el problema no reside únicamente en el talento individual, sino en el esquema colectivo. Cuando Güler entró al campo, no solo aportó calidad técnica, sino que también liberó a sus compañeros. Los movimientos sin balón de los atacantes fueron más inteligentes, los espacios se generaron con mayor facilidad y, en definitiva, el equipo pareció creer en sus posibilidades.
Esta situación plantea un dilema táctico para el cuerpo técnico. Por un lado, tienen un jugador capaz de transformar el juego del equipo de forma instantánea. Por otro, un sistema que no parece diseñado para sacar el máximo partido de sus cualidades. La solución pasa, necesariamente, por adaptar el esquema a las características de Güler, permitiéndole ser el referente ofensivo que el equipo necesita.
La comparación con su rendimiento en la selección turca es inevitable. Allí, Güler es el eje sobre el que gira todo el ataque, con una libertad total para moverse por todo el frente ofensivo. Esa misma libertad es la que le ha permitido brillar en los minutos que ha disputado con el Madrid. La pregunta es si Arbeloa estará dispuesto a concederle ese rol de estrella, algo que choca con la filosofía colectivista que ha predicado desde su llegada.
El futuro inmediato del Madrid pasa por resolver esta paradoja. No puede permitirse el lujo de tener a uno de los talentos más prometedores del fútbol europeo en el banquillo mientras el equipo se hunde en la mediocridad. La apuesta por la juventud debe ser real, no un mero eslógan publicitario. Güler representa el presente y el futuro, pero solo si se le da la confianza y el protagonismo que merece.
La victoria ante el Levante, más allá de los tres puntos, dejó una enseñanza clara: sin Güler en el campo, el Madrid es un equipo predecible y falto de ideas. Con él, las posibilidades se multiplican. La diferencia es tan abismal que resulta casi irresponsable no construir el equipo en torno a sus capacidades. El reto para Arbeloa es encontrar el equilibrio entre la experiencia de los veteranos y la frescura del joven turco.
La afición del Santiago Bernabéu ya ha emitido su veredicto. Cada toque de Güler es recibido con una expectación especial, cada regate con una ovación anticipada. El chico ha conectado con la grada de una forma que pocos jugadores han logrado en los últimos años. Esa conexión emocional es invaluable en momentos de crisis como el que vive el club.
En conclusión, el partido ante el Levante confirmó lo que muchos ya sospechaban: Arda Güler es el único elemento diferencial que posee el Real Madrid en la actualidad. Su capacidad para cambiar los partidos, para generar fútbol donde no lo hay, lo convierte en un activo irreemplazable. El desafío para el cuerpo técnico es darle el protagonismo que merece, construyendo un equipo que potencie sus virtudes en lugar de limitarlas. Solo así el Madrid podrá salir del bache en el que se encuentra y recuperar el fútbol espectacular que sus aficionados demandan. El tiempo dirá si Arbeloa está dispuesto a apostar por el talento puro o si seguirá priorizando un sistema que, hasta ahora, no ha dado los resultados esperados.