El Madison Square Garden se prepara para una noche de alta tensión en la NBA. Los New York Knicks regresan a casa en su peor momento de la temporada, tras una gira por el Oeste que ha dejado más heridas que victorias. Enfrente, los Phoenix Suns aterrizan en la Gran Manzana con la intención de aprovechar el mal momento local, aunque ellos mismos arrastran incertidumbres en su plantilla. El encuentro del 17 de enero de 2026 se presenta como un duelo de necesidades opuestas: los neoyorquinos necesitan ganar como sea, mientras los visitantes quieren consolidar su posición en la cima de la Conferencia Oeste.
La situación de los Knicks es crítica. Su reciente travesía por la costa oeste concluyó con un balance de 1 victoria y 3 derrotas, un registro que refleja perfectamente su estado de forma. Pero lo más preocupante no es el número de derrotas, sino la manera en que han llegado. La baja de Jalen Brunson, quien sufrió un esguince de tobillo en Sacramento, ha dejado al equipo sin su conductor natural. Brunson no solo lidera el ataque, sino que representa la estabilidad emocional del grupo. Su ausencia se ha notado de forma dramática en un vestuario que ya venía de perder ocho de sus últimos diez compromisos.
El problema de los Knicks trasciende la simple ausencia de su estrella. Desde que comenzó el año nuevo, el equipo ha mostrado una faceta defensiva alarmante. Con 122 puntos permitidos por partido de media, se han convertido en la segunda peor defensa de toda la liga. Estas cifras no son producto de la mala suerte, sino de un desgaste evidente en el sistema de juego y una falta de comunicación en la pintura que resulta preocupante. Cuando un equipo pierde su identidad defensiva, cada posesión se convierte en una montaña rusa emocional donde la confianza se desvanece con cada canasta recibida.
En este contexto, la figura de Karl-Anthony Towns se convierte en el centro de todas las miradas. El centro estrella debería asumir el rol de líder en ausencia de Brunson, pero hasta ahora su respuesta ha sido insuficiente. Las críticas apuntan a una falta de agresividad en momentos clave y a una relación tensa con el cuerpo técnico que parece afectar su rendimiento. Towns posee el talento para dominar cualquier partido, pero su inconsistencia emocional está lastrando al equipo cuando más se le necesita. La franquicia neoyorquina no puede permitirse el lujo de esperar a que su estrella interior encuentre su ritmo, necesita resultados inmediatos.
Por su parte, los Suns llegan a Nueva York con su propia carga de incertidumbre. La participación de Devin Booker es una incógnita hasta el último momento. El escolta, catalogado como «día tras día» por el cuerpo médico, se convirtió en el verdugo de los Knicks en su último enfrentamiento el 10 de enero, donde anotó 31 puntos y repartió 8 asistencias en la victoria por 112-107. Su presencia en la pista transforma completamente el ataque de Phoenix, creando espacios para sus compañeros y generando oportunidades en cada posesión. Sin embargo, el equipo ha demostrado que puede competir sin él, adaptando su ritmo y distribuyendo la responsabilidad ofensiva.
Uno de los elementos más interesantes del conjunto de Arizona es la presencia de un jugador con reputación controvertida que ha encontrado su lugar en el desierto. Tras su polémica salida de Memphis, donde se le acusó de ser un mal ejemplo para el vestuario, este veterano ha demostrado en Phoenix que su competitividad es contagiosa. En el anterior duelo contra los Knicks, anotó 27 puntos con un 5/9 en triples, convirtiéndose en el segundo máximo anotador de su equipo. Su capacidad para elevar el nivel de exigencia de sus compañeros es un activo invaluable, especialmente en partidos donde la tensión puede jugar a favor de los visitantes.
Las bajas confirmadas para los Suns incluyen a Jamaree Bouyea y Jalen Green, dos rotaciones que no afectan el núcleo principal pero que reducen las opciones del banquillo. La verdadera incógnita sigue siendo Booker, cuya decisión se tomará tras el calentamiento previo al partido. El entrenador de Phoenix sabe que enfrentarse a un equipo desesperado como los Knicks requiere máxima concentración, y la presencia de su estrella sería un golpe anímico importante.
En el bando neoyorquino, además de Brunson, Mitchell Robinson también aparece como duda por problemas físicos. El pívot defensivo está siguiendo un protocolo especial de minutos para protegerle de los excesos, especialmente en partidos consecutivos. Su ausencia sería otro golpe demoledor para una defensa que ya está en modo de emergencia. La combinación de ausencias potenciales crea un escenario perfecto para que los Suns impongan su ritmo desde el inicio.
El análisis táctico apunta a un duelo de contrastes. Phoenix domina el juego en transición y posee un arsenal ofensivo que puede explotar las lagunas defensivas de Nueva York. Los Knicks, por su parte, deberán recurrir a un juego interior agresivo mediante Towns y buscar segundas oportunidades en el ataque reboteante. La clave para los locales será controlar el ritmo del partido, evitando la carrera de puntos que tanto disfrutan los Suns, y mantener la intensidad defensiva durante los 48 minutos.
El factor cancha también jugará un papel crucial. El Madison Square Garden es un escenario que inspira, pero también puede presionar cuando las cosas no salen bien. La afición neoyorquina es exigente y no perdonará otra actuación decepcionante. Los jugadores de los Knicks necesitan sentir ese apoyo como un empujón, no como una carga. Por el contrario, los Suns llegan sin presión, con la tranquilidad de quien sabe que puede ganar incluso sin su mejor jugador.
El pronóstico favorece lógicamente a los visitantes. Los números, el estado de forma y las dinámicas de ambos equipos apuntan a una victoria de Phoenix. Sin embargo, el baloncesto es impredecible y los equipos en crisis a veces encuentran respuestas inesperadas. Si Towns despierta a tiempo y los jugadores jóvenes de los Knicks aportan la energía que caracteriza a la franquicia, podríamos asistir a una sorpresa. Pero todo indica que los Suns, con o sin Booker, tienen suficiente talento y experiencia para salir victoriosos de Nueva York.
La noche del 17 de enero será un examen de carácter para ambas franquicias. Para los Knicks, una oportunidad de redención en medio de la tormenta. Para los Suns, una prueba más de su madurez como contendiente. Lo que está en juego va más allá de una simple victoria regular: es sobre construir confianza, establecer identidad y demostrar que se puede competir aunque las circunstancias no sean las ideales.