El Real Betis afronta uno de los momentos más cruciales de la temporada con la lesión de Cucho Hernández como principal contratiempo. La ausencia del delantero colombiano ha expuesto las carencias ofensivas del equipo verdiblanco y ha puesto sobre la mesa una pregunta inesperada: ¿debería Chimy Ávila continuar en el club? Lo que parecía una salida inevitable hace apenas una semana se ha convertido en un dilema que divide opiniones entre la afición, la directiva y el cuerpo técnico.
La actuación del argentino en los octavos de final de la Copa del Rey frente al Elche ha sido la chispa que ha encendido el debate. Un doblete decisivo que no solo clasificó al Betis para los cuartos de final, sino que también demostró que el delantero todavía tiene mucho que decir en el terreno de juego. En un contexto donde el equipo necesitaba urgentemente un referente ofensivo, Chimy Ávila respondió con goles, pero también con esa entrega incondicional que le caracteriza.
Las cualidades del argentino van más allá de su capacidad goleadora. Su principal valor reside en el espíritu de sacrificio y la presión constante que ejerce sobre las defensas rivales. Es un jugador que nunca da un balón por perdido, que contagia energía al resto del equipo y que en momentos de dificultad se convierte en un líder anímico. En una temporada donde el Betis ha mostrado carencias de carácter en determinados tramos, la figura de Chimy se presenta como un activo intangible difícil de reemplazar.
La lesión de Cucho Hernández ha dejado un vacío ofensivo que se hace más evidente cada jornada. Sin su referente titular, el equipo necesita alternativas de garantías, y prescindir del Chimy podría debilitar aún más una línea de ataque ya de por sí mermada. La realidad es que el fútbol se rige por el presente, y el presente del argentino habla de compromiso y efectividad cuando más se le necesita.
Hasta hace muy poco, la marcha del delantero al Getafe parecía un hecho consumado. Las negociaciones estaban avanzadas y solo faltaba el visto bueno de LaLiga para que se hiciera oficial el traspaso. Sin embargo, esa operación ahora mismo está en stand by. Los goles en Copa han complicado una salida que se daba por segura, obligando a la dirección deportiva a reconsiderar una decisión que ya estaba prácticamente tomada. El rendimiento deportivo ha trascendido lo contractual, y ahora el club debe valorar si la necesidad deportiva es más importante que el ajuste de plantilla.
En la balanza opuesta se encuentra Cédric Bakambu. La llegada del delantero congoleño generó expectativas que no se han visto reflejadas en el campo. Su rendimiento ha estado claramente por debajo de lo que se esperaba de un jugador de su experiencia y trayectoria. La falta de gol es solo la punta del iceberg de un problema mayor: su escasa participación en el juego colectivo y una actitud que no transmite la intensidad que demanda el Betis en esta situación.
Bakambu se ha convertido en el principal candidato a abandonar la disciplina verdiblanca en este mercado de invierno. La única oferta formal sobre la mesa procede del Deportivo Alavés, club que busca reforzar su ataque para la segunda parte de la temporada. En el Betis, esta propuesta se estudia con atención porque permitiría liberar ficha y salario, facilitando así la llegada de otro futbolista que cubra la baja de Cucho Hernández.
La visión más crítica del panorama la representa Javier Jiménez, quien no duda en señalar que ni Chimy Ávila ni Bakambu alcanzan el nivel que exige un club con aspiraciones europeas. Su análisis es contundente: la lesión del Cucho ha evidenciado un problema estructural en la delantera que no se soluciona con soluciones parciales. Desde esta perspectiva, la frase que resume el debate es demoledora: "ni entre los dos juntos hacen un delantero completo".
Este razonamiento plantea un interrogante fundamental: ¿debe el Betis conformarse con lo que tiene o debe aspirar a una solución de mayor calidad? La respuesta no es sencilla. El mercado de invierno es complicado, los precios se inflan y las opciones de garantías son limitadas. En este contexto, la continuidad de Chimy Ávila podría ser la solución más pragmática: un jugador conocido, comprometido y que ha demostrado responder cuando se le necesita.
Sin embargo, la exigencia deportiva no permite concesiones. El Betis compite por objetivos ambiciosos tanto en LaLiga como en competiciones europeas. La fase decisiva de la temporada exige tener los mejores recursos disponibles, y si el club considera que ni el argentino ni el congoleño están a la altura, la opción más lógica sería buscar en el mercado un delantero que sí cumpla con los requisitos necesarios.
El dilema es complejo porque enfrenta la necesidad inmediata con la calidad deseada. Chimy Ávila representa la necesidad: un jugador disponible, conocido y que ha demostrado entrega. Bakambu representa la apuesta fallida: un futbolista que no ha cumplido las expectativas y cuya salida parece inevitable. La solución ideal pasaría por encontrar un delantero que combine las cualidades de ambos: el espíritu combativo del argentino y la técnica que se esperaba del congoleño.
El tiempo juega en contra. El mercado de fichajes cierra sus puertas pronto y el Betis debe tomar una decisión. Cada día que pasa sin resolver la situación es un día menos para que un nuevo jugador se adapte al sistema de Manuel Pellegrini. La planificación deportiva exige certidumbres, pero el fútbol a menudo plantea dilemas imprevistos.
La afición, por su parte, se muestra dividida. Hay quien valora el compromiso de Chimy y aboga por darle una oportunidad en este tramo decisivo. Otros, más exigentes, consideran que el club debe aspirar a más y que la salida de ambos delanteros sería beneficiosa si eso permite incorporar a un futbolista de mayor nivel. Esta división refleja la complejidad de una decisión que no tiene una respuesta única y correcta.
Lo cierto es que el doblete en Copa del Rey ha cambiado el guion. Chimy Ávila ha pasado de estar prácticamente fuera del club a ser una opción real para el tramo final de la temporada. Su futuro ya no depende únicamente de lo que pase en las oficinas, sino también de lo que pueda aportar en el campo. Por primera vez en meses, el delantero argentino tiene el destino en sus botas.
El Betis, mientras tanto, debe equilibrar las cuentas con la necesidad deportiva. La posible salida de Bakambu al Alavés aliviaría la masa salarial y dejaría una plaza libre. La decisión sobre Chimy determinará si el club busca una solución externa o confía en lo que ya tiene. Cada opción conlleva riesgos, pero la inacción podría ser la peor de las decisiones.
El debate, como señala el propio análisis, queda abierto. Entre la exigencia deportiva y la realidad económica, el Betis debe encontrar el equilibrio perfecto para no comprometer una temporada que todavía tiene mucho que ofrecer. Lo que está claro es que el próximo movimiento en el mercado definirá no solo la composición de la plantilla, sino también las aspiraciones del club para lo que resta de curso.