Chimy Ávila: el héroe inesperado del Betis que renace en su despedida

El delantero argentino, a punto de abandonar el club, se suma a la lista de futbolistas verdiblancos que han brillado cuando menos se esperaba

La historia del fútbol está repleta de gestas inesperadas. Esos momentos en los que, cuando las estrellas no brillan y la situación se torna crítica, aparecen figuras secundarias para escribir capítulos memorables. El Real Betis acaba de vivir uno de esos episodios con Chimy Ávila, quien con un doblete ante el Elche se convirtió en el último protagonista de una tradición que ya forma parte del ADN verdiblanco: la del héroe que surge cuando su futuro en el club parece más incierto.

La trayectoria del delantero argentino en las últimas temporadas ha sido un constante culebrón. Considerado jugador descartable en los dos últimos mercados de fichajes, su presencia en el Benito Villamarín parecía tener los días contados. Las ofertas no faltaban: clubes de Argentina y México mostraban interés concreto, mientras que el Getafe, a pesar de sus problemas con el fair play financiero de LaLiga por la operación de Uche con el Crystal Palace, mantenía su atención puesta en el futbolista. Sin embargo, el fútbol tiene estos giros inesperados que reescriben los guiones.

El duelo contra el Elche llegó en el peor momento para el Betis. La necesidad de puntos era palpable, la presión crecía y las opciones ofensivas no terminaban de funcionar. Ahí apareció Chimy, con esa garra característica que le define, para firmar dos goles que no solo dieron la victoria a su equipo, sino que le devolvieron la confianza a una afición que comenzaba a desesperarse. La imagen del argentino abrazando el balón al final del encuentro y acercándose a la grada de Gol Sur para transmitir un mensaje de continuidad habla de la conexión emocional que se establece en estos momentos especiales.

En la zona mixta, sus palabras mantuvieron el misterio sobre su futuro: "Si supiera qué va a pasar mañana echaría la lotería". Una frase que resume la incertidumbre de un futbolista que, paradójicamente, acaba de demostrar su mayor valor justo cuando su salida parecía inevitable. Este contraste entre rendimiento y situación contractual es precisamente lo que convierte su gesta en algo memorable para la parroquia bética.

El caso de Chimy no es aislado en la reciente historia del club. La temporada pasada, Juanmi vivió una situación muy similar. El malagueño apenas contaba para Manuel Pellegrini, relegado a un papel secundario en la rotación ofensiva. Su presencia en el campo se limitaba a minutos esporádicos y la sensación generalizada era que su etapa en el Betis había llegado a su fin. Sin embargo, el destino le tenía reservado un capítulo de gloria.

Fue en la Conference League, en el duelo ante el Celje esloveno, donde Juanmi encontró su momento. El partido se complicaba, el 0-0 mantenía la tensión en el Villamarín y los pitos comenzaban a hacerse escuchar. Natan adelantó a los béticos en el minuto 75, pero Nieto empató poco después, dejando el encuentro en un estado de máxima incertidumbre. Muchos aficionados ya se retiraban por las escaleras pensando en un empate que complicaría seriamente las opciones europeas del equipo.

En ese contexto de desesperación colectiva, Juanmi entró en el minuto 71 precisamente sustituyendo a Chimy Ávila. La ironía del destino quedaría plasmada en los libros de historia del club. Corrió casi 50 metros en una contra, definió con una delicada vaselina ante la salida del portero y selló el 2-1 definitivo. El golpeo del balón, la pelota entrando en la portería y el estallido de alegría de una grada que cantaba "todos queremos que marque Juan Miguel" conformaron uno de esos instantes mágicos que justifican la pasión por el fútbol.

Ese 7 de noviembre de 2024 quedó grabado como el último gran servicio de Juanmi al Betis. Semanas después, su cesión al Getafe con obligación de compra en caso de permanencia del club madrileño se convirtió en realidad, cerrando un círculo que había comenzado con dudas y terminó con gloria europea.

Si retrocedemos unos años más, encontramos otro precedente igualmente significativo. El verano de 2019 el Betis desembolsó 28 millones de euros por Borja Iglesias, una inversión que generaba expectativas máximas. Sin embargo, su primera temporada resultó decepcionante, lejos del nivel que se esperaba de un futbolista de su precio. La llegada de Pellegrini para la campaña 2020-2021 abrió una nueva oportunidad, pero la competencia con Sanabria y Loren le mantenía en un segundo plano.

Enero de 2021 encontraba a Borja en una encrucijada. Las opciones de salida proliferaban y la sensación de estar atascado en el club crecía. Pero el fútbol, una vez más, le ofreció una tarde de redención. Fue en el duelo contra la Real Sociedad, en una noche fría de Anoeta, donde el gallego demostró por qué había costado tanto. Su contribución fue decisiva para doblegar a un rival directo y, aunque su etapa en el Betis no terminó siendo todo lo exitosa que se esperaba, ese momento le valió para ganarse el respeto de una afición que valora el esfuerzo y el compromiso por encima de todo.

Estos tres casos, Chimy Ávila, Juanmi y Borja Iglesias, comparten un patrón común. Tres futbolistas en situaciones complicadas, con sus futuros en el club en entredicho, que encontraron en la adversidad la motivación para dar lo mejor de sí mismos. No fueron los titulares indiscutibles ni las estrellas del equipo, pero supieron aprovechar su oportunidad cuando el equipo más los necesitaba.

La importancia de estos héroes anónimos radica en su capacidad para humanizar el fútbol profesional. En una época dominada por cifras millonarias, agentes y operaciones complejas, estos gestos de lealtad y entrega recuerdan que detrás de cada dorsal hay una persona con sentimientos hacia los colores que defiende. Chimy Ávila no sabía si ese partido contra el Elche sería su último en el Villamarín, pero jugó como si cada minuto fuera el definitivo.

Para el Betis, contar con futbolistas así en su historia reciente es un activo intangible. Los aficionados no olvidan fácilmente a quienes dieron la cara en los momentos difíciles, independientemente de su status dentro del plantel. La grada de Gol Sur coreando el nombre de Chimy, los cánticos a Juanmi en la Conference o el respeto final a Borja Iglesias son testimonios de que el rendimiento deportivo, en ocasiones, se mide también en compromiso y corazón.

El mercado de fichajes seguirá su curso y es probable que Chimy Ávila acabe abandonando el club, tal como sugiere su actual situación contractual. Sin embargo, su doblete ante el Elche ya forma parte del patrimonio emocional del Real Betis. Como antes lo hicieron Juanmi y Borja Iglesias, el argentino ha demostrado que en el fútbol, como en la vida, los momentos de gloria no siempre llegan cuando se esperan, sino cuando más se necesitan.

Estas gestas también tienen un valor educativo para los jóvenes futbolistas que observan desde la grada o desde las categorías inferiores. Enseñan que el profesionalismo no se mide solo por los minutos jugados o los goles anotados, sino por la preparación para cuando la oportunidad llame a la puerta. Chimy, Juanmi y Borja podrían haber bajado los brazos, haberse quejado de su situación o haber forzado su salida de manera irrespetuosa. Optaron por el camino contrario: el silencio, el trabajo y la explosión de talento cuando el equipo más lo requería.

En el fútbol moderno, donde las estadísticas y los datos cuantitativos dominan el análisis, estos relatos humanos mantienen viva la esencia del deporte. El Real Betis, con su particular idiosincrasia y su conexión única con la afición, valora especialmente este tipo de compromisos. Por eso, cuando Chimy Ávila se acercó a la grada con el balón bajo el brazo, no solo estaba celebrando un doblete, estaba sellando un pacto emocional con una parroquia que nunca olvidará quién dio la cara cuando las cosas se pusieron difíciles.

La lista de héroes inesperados en el Betis es larga y se extiende más allá de estos tres casos. Nombres como Doblas en Alcalá, Loren en Anoeta o Sergio León contra el Espanyol también tienen su lugar en este particular hall de la fama. Cada uno representa una historia diferente, pero todas comparten el mismo núcleo: la capacidad de sobreponerse a las circunstancias adversas para dejar una huella imborrable en la memoria colectiva.

Chimy Ávila ahora decide su futuro con la tranquilidad de quien ha cumplido con su deber. Sus opciones en Argentina, México o incluso en el Getafe siguen vigentes, pero su valor ha aumentado exponencialmente después de su exhibición ante el Elche. El fútbol, al final, es justo con quienes respetan su profesión y dan todo por la camiseta que defienden, aunque solo sea por un día más.

El legado de estos futbolistas trasciende los resultados inmediatos. Sus goles no solo suman puntos en la clasificación, sino que refuerzan la identidad de un club que se enorgullece de su gente, de su forma de entender el fútbol. En el Real Betis, donde la pasión y el sentimiento a menudo pesan más que la lógica puramente deportiva, los héroes anónimos tienen un lugar de honor garantizado para siempre.

Referencias