La primera vuelta de la LaLiga Hypermotion ha dejado un reguero de destituciones sin precedentes. Con el cese de Jesús Galván en el CD Mirandés, ya son 11 entrenadores los que han perdido su puesto en las 21 primeras jornadas. Este dato refleja la tremenda presión que existe en la categoría de plata del fútbol español, donde los resultados se imponen por encima de cualquier proyecto a largo plazo.
El club burgalés anunció el lunes por la tarde la destitución de Galván tras una breve etapa de apenas ocho partidos. El comunicado oficial fue tajante: "Tras la reunión mantenida por su Consejo de Administración, comunica la decisión de finalizar la vinculación contractual con el hasta ahora entrenador del primer equipo, Jesús Galván, que no continuará al frente del banquillo del CD Mirandés". La noticia no cayó del todo por sorpresa, dado el mal momento del equipo, colista de la competición con un balance de una victoria, dos empates y cinco derrotas.
La inestabilidad técnica del Mirandés es especialmente llamativa. Galván era ya el segundo entrenador del equipo esta temporada, después de que Fran Justo fuera despedido en noviembre. Este martes, el club ha confirmado el relevo: Antxon Muneta se hará cargo del banquillo de Anduva con la difícil misión de revertir la situación.
El fenómeno de las destituciones masivas no es exclusivo del Mirandés. De los 22 equipos que conforman la categoría, solamente 12 mantienen al mismo técnico que inició el campeonato en agosto. Esta cifra evidencia la volatilidad de una competición donde cualquier tropiezo puede costar el puesto al responsable del banquillo. La igualdad en la tabla, donde el colista puede derrotar al líder sin que nadie lo considere una sorpresa mayúscula, alimenta esta dinámica de cambios constantes.
El calendario de ceses se ha acelerado progresivamente. El pionero fue Johan Plat, destituido del Castellón tras únicamente cinco jornadas. Su paso por el club castellonense fue efímero, pero marcó el tono de lo que vendría después. En la jornada seis le siguió Raúl Llona en la Cultural Leonesa, mientras que Asier Garitano no llegó a la octa en el Sporting de Gijón.
El caso más curioso fue el de Gabi Fernández en el Real Zaragoza. El técnico apenas duró un partido oficial antes de que el club decidiera darle las gracias. La entidad maña optó por Emilio Larraz como solución interina, para después apostar por Rubén Sellés como proyecto de futuro. Esta cadena de cambios refleja la ansiedad por los resultados que viven muchas entidades.
Noviembre se convirtió en un mes negro para los técnicos de la categoría. En apenas unas semanas, cuatro entrenadores perdieron su empleo: Sergi Guilló en el Huesca, Sergio Pellicer en el Málaga, Ibai Gómez en el Andorra y Paco López en el Leganés. La presión de los directivos se desató de forma casi simultánea en diferentes puntos de la geografía española.
El cierre de año trajo consigo uno de los episodios más singulares. Guillermo Almada fue despedido del Real Valladolid mientras negociaba su incorporación al Oviedo. Una situación paradójica que dejó al uruguayo sin destino tras confiar en un acuerdo que nunca se materializó. Antes de su llegada, Sisi había ejercido como interino en el conjunto pucelano.
El 2026 ha comenzado con la undécima destitución, la de Galván, pero la lista completa de técnicos que han pasado por los banquillos es aún mayor. Si contamos los interinos, el número asciende a 13 profesionales distintos que han ocupado los banquillos de la categoría. Además de Larraz y Sisi, Ion Ansotegi dejó temporalmente el Sanse para hacerse cargo del primer equipo durante un par de jornadas.
Esta tendencia preocupa a los analistas del fútbol. La falta de paciencia con los proyectos deportivos dificulta la consolidación de estilos de juego y la formación de plantillas compensadas. Los entrenadores llegan con la espada de Damocles sobre sus cabezas, sabiendo que una racha negativa de tres o cuatro partidos puede significar su despido.
Los clubes, por su parte, argumentan que la presión económica y la necesidad de mantener la categoría justifican estos movimientos. La Segunda División es un pozo de incertidumbre financiera donde estar en Primera supone un ingreso millonario, mientras que descender a Primera RFEF puede ser un desastre económico. Esta dualidad explica por qué los presidentes se mueven con tanta rapidez ante cualquier síntoma de crisis.
El caso del Mirandés es paradigmático. El equipo no solo es colista, sino que además ha mostrado una imagen de desorganación en el campo. Galván, pese a su corta experiencia en la categoría, intentó implementar un sistema ofensivo que no cuajó. Los resultados hablan por sí solos: siete puntos de 24 posibles y una sensación de descontrol defensivo que preocupaba a la afición.
Antxon Muneta aterriza en Burgos con el aval de conocer la casa. Su reto no será fácil: debe reconstruir la moral de una plantilla tocada y encontrar la fórmula para sumar puntos cuanto antes. La permanencia está a solo siete puntos, pero la dinámica es negativa y la confianza, mínima.
La pregunta que se hacen muchos es si esta tendencia es sostenible. ¿Hasta qué punto los cambios de entrenador realmente mejoran los resultados? Los estudios estadísticos muestran que el efecto del nuevo técnico suele durar entre cinco y siete partidos. Pasado ese plazo, el equipo vuelve a su nivel medio real.
En LaLiga Hypermotion, sin embargo, esos cinco partidos pueden marcar la diferencia entre estar en puestos de playoff o en la zona roja. La competición es tan igualada que una victoria consecutiva te coloca en los puestos nobles, mientras que una racha de tres derrotas te hace mirar hacia abajo.
Los entrenadores que han sobrevivido a esta vorágine son, en su mayoría, aquellos que cuentan con el respaldo de la directiva por haber conseguido éxitos previos o por liderar proyectos consolidados. Sin embargo, hasta ellos saben que su puesto no está asegurado. La exigencia es máxima y la paciencia, mínima.
La Federación Española de Fútbol y LaLiga han mantenido un silencio prudente sobre este fenómeno. No existe ninguna normativa que limite los cambios de entrenador durante una temporada, y los clubes ejercen su libertad para gestionar sus plantillas técnicas como consideran oportuno. Algunas voces del sector abogan por implementar medidas que fomenten la estabilidad, como bonificaciones económicas para los equipos que mantengan a su técnico toda la campaña.
Mientras tanto, la rueda sigue girando. Cada jornada se especula con posibles ceses. Los nombres de técnicos en el paro son analizados por los directivos de medio país. Los agentes trabajan activamente para colocar a sus clientes en cualquier vacante que surja. Es un mercado laboral tan volátil como el propio campeonato.
El fútbol moderno ha perdido la paciencia. En LaLiga Hypermotion, esta realidad se agrava por la incertidumbre y la igualdad competitiva. Los 11 entrenadores destituidos son una muestra de una tendencia que, lejos de revertirse, parece consolidarse como norma. Para los técnicos, la lección es clara: o consigues resultados inmediatos, o tu estancia será efímera. Para los clubes, el dilema es si esta política de cambios constantes realmente es la mejor vía para alcanzar el éxito deportivo.
La segunda vuelta promete más emoción, pero también más movimientos en los banquillos. Los 12 técnicos que aún resisten miran con cautela la tabla, conscientes de que cualquier tropiezo puede convertirse en su último partido al frente del equipo. La permanencia en la categoría, el ascenso a Primera o la simple supervivencia deportiva justifican, a ojos de los directivos, esta danza de nombres y destinos. El fútbol, en su máxima expresión pragmática, no da segundas oportunidades.