La noche del jueves quedará grabada en la memoria de la afición del Albacete para siempre. En un encuentro vibrante y lleno de emoción, el conjunto manchego consumó la eliminación del Real Madrid de la Copa del Rey con un marcador de 3-2 que reflejó la justa superioridad de un equipo más comprometido y ambicioso. La eliminatoria, que suponía el debut de Álvaro Arbeloa en el banquillo madridista, se convirtió en un auténtico calvario para los blancos, que vieron cómo sus carencias se amplificaban ante un rival que no dio su brazo a torcer.
El choque, celebrado en el estadio Carlos Belmonte, estuvo marcado por la intensidad local desde el pitido inicial. El Albacete salió a la cancha con la clara intención de demostrar que la categoría no siempre lo es todo en el fútbol. Y así lo hicieron. Desde los primeros compases, el equipo de Alberto González planteó un planteamiento valiente, presionando arriba y buscando sorprender a una defensa madridista que mostró más de una fisura.
El protagonista absoluto de la velada fue sin duda Jefté Betancor, delantero canario que se convirtió en el verdugo del gigante blanco. Su primera diana llegó en un momento clave, estableciendo el 2-1 cuando el Real Madrid intentaba rehacerse de un golpe inicial. Betancor demostró una capacidad de definición excepcional, aprovechando un error defensivo para batir a Lunin con un disparo cruzado que dejó sin opciones al meta ucraniano.
Sin embargo, el conjunto blanco logró empatar en el minuto 91 mediante Gonzalo, lo que hizo presagiar una prórroga que parecía inevitable. Pero el fútbol guarda sorpresas inesperadas. Cuando todos daban por sentado el tiempo extra, llegó la jugada definitiva. En el 94', Jefté Betancor apareció de nuevo como un auténtico héroe para elevar el balón por encima del portero y firmar el gol de la victoria que certificaba el bombazo del torneo.
El análisis del rendimiento del Real Madrid resulta demoledor. Más allá del resultado, lo preocupante fue la falta de actitud y compromiso mostrada por los jugadores. Este desinterés, que ya se había vislumbrado en compromisos anteriores, se convirtió en la tónica dominante de un equipo que parece haber perdido el rumbo. Tanto con Xabi Alonso en el banquillo como con Ancelotti, el conjunto blanco ha mostrado una irregularidad preocupante y una falta de intensidad difícil de justificar.
El caso más paradigmático fue el de Vinicius. El brasileño, que había llegado con la intención de demostrar su compromiso, completó un partido para el olvido. Intentó diez regates pero solo completó cuatro, perdió la posesión en 23 ocasiones y sus números reflejan una actuación lejos de su nivel. Aunque Arbeloa intentó defenderle señalando su predisposición, la realidad es que su contribución fue insuficiente para un jugador de su calibre.
Las reacciones no se hicieron esperar. Dani Carvajal, capitán y referente, compareció en zona mixta con un discurso sincero y autocrítico: "Hay que trabajar duro, tenemos que mejorar muchísimo más. No estamos a la altura y prometemos dejarnos la vida". Unas palabras que reflejan la preocupación interna por el rumbo del equipo, que en apenas tres días ha visto cómo se le escapaban dos títulos.
La crítica fue unánime incluso desde dentro. El canal oficial del club no anduvo con rodeos: "Partido muy malo", "Justa derrota" o "muy mala imagen" fueron algunas de las conclusiones vertidas. El reconocimiento de la debacle fue total, señalando además que Arbeloa no tenía culpa alguna de lo sucedido, pero que este encuentro debía servir como punto de inflexión.
El propio entrenador provisional, en su primera experiencia al mando del primer equipo, se mostró tajante con la convocatoria: "No me arrepiento, volvería a hacer lo mismo, he traído un equipo capaz de ganar al Albacete y a cualquier equipo, tengo una plantilla extraordinaria". Unas declaraciones que buscaban proteger a sus jugadores pero que también evidenciaban la frustración por no haber cumplido con los objetivos.
En el bando contrario, la euforia era total. Alberto González, técnico del Albacete, no podía contener su emoción: "Estamos eufóricos, es un sueño cumplido. Ha sido un día espectacular. La gente ha transmitido que tenía ganas y, al final, poder hacerlo como lo hemos hecho es para estar muy contentos". Unas palabras que reflejaban el sentir de una ciudad entera que vio cómo su equipo escribía una página dorada en la historia del club.
La prensa especializada también se hizo eco del batacazo. Siro López, conocido periodista, lanzó un mensaje contundente: "Si digo lo que pienso el viernes no estoy narrando el baloncesto en Real Madrid TV", en alusión a la crítica situación que atraviesa la entidad en múltiples disciplinas deportivas.
Incluso desde otros ámbitos del deporte llegaron comentarios. Gerard Piqué, en el chat de la Kings League, felicitó a Arbeloa con ironía: "Buen debut, 3-2", evidenciando que la derrota no pasó desapercibida ni siquiera para sus exrivales.
El Albacete, con este triunfo, no solo avanza de ronda sino que demuestra que la Copa del Rey sigue viva como competición donde los equipos modestos pueden soñar. La magia del torneo del KO se hizo patente en cada minuto del encuentro, recordando que en el fútbol no siempre gana el que más tiene, sino el que más lo desea.
Para el Real Madrid, esta eliminación debe servir como punto de inflexión. La temporada se complica y las críticas se multiplican. La falta de compromiso, la irregularidad y las sensaciones negativas son problemas que deben solucionarse de inmediato si el club quiere salvar lo que resta de curso. El tiempo apremia y las soluciones no parecen evidentes.
La afición blanca, que ha visto cómo su equipo caía en un escenario inesperado, espera una reacción inmediata. El próximo compromiso ante el Levante en el Bernabéu se presenta como una oportunidad para redimirse, pero también como una trampa donde la presión será máxima. Cada partido se convierte ahora en una final para evitar que la crisis se profundice.
Mientras tanto, en Albacete la fiesta continúa. Una noche que no olvidarán, donde un equipo humilde derrotó a un gigante del fútbol europeo. El sueño de la Copa sigue vivo para los manchegos, que demostraron que con corazón, orden y fe en las posibilidades, todo es posible en el fútbol. La historia la escriben los valientes, y este jueves, el Albacete fue el más valiente de todos.