El Casademont Zaragoza afrontaba una prueba de fuego en territorio italiano con la obligación de sumar una victoria que mantuviera sus aspiraciones intactas en la FIBA Europe Cup. La respuesta del conjunto dirigido por Jesús Ramírez no pudo ser más contundente: un triunfo por 75-94 que reflejó la superioridad aragonesa sobre un rival que nunca encontró su ritmo en el encuentro.
El desplazamiento a Cerdeña llegaba en el peor momento posible para los zaragozanos, que disputaban su tercer compromiso en apenas cinco días y continuaban sufriendo las consecuencias de las bajas en su plantilla. Sin embargo, lejos de mostrar signos de debilidad, el equipo demostró una madurez competitiva envidiable, sobreponiéndose a la fatiga acumulada y a las adversidades con una actuación seria y solvente desde la defensa.
El inicio del encuentro, no obstante, no presagiaba lo que vendría después. Los primeros minutos fueron un auténtico calvario ofensivo para los visitantes, que mostraban una imagen espesa y desconectada. Los lanzamientos se estrellaban contra el aro sin dirección, las pérdidas de balón se sucedían y las ocasiones claras se desvanecían sin éxito. El ataque carecía de fluidez y propósito evidente, lo que permitió al Dinamo Sassari tomar una ligera ventaja de 11-4 que hacía presagiar un largo noche para los intereses maños.
Afortunadamente para los intereses del Casademont, el rival tampoco mostraba un nivel excepcional. La calidad individual de los italianos brillaba por su ausencia, y cuando espabilaban lo hacían de forma tímida y sin continuidad. Fue entonces cuando el técnico Jesús Ramírez decidió intervenir con un tiempo muerto que resultó determinante para el devenir del choque.
La reacción fue inmediata y fulminante. El capitán Santiago Yusta, fiel a su costumbre de aparecer cuando más se le necesita, se erigió en líder indiscutible. Ocho puntos consecutivos suyos transformaron el panorama del partido, mientras que una bandeja de Joaquín Rodríguez culminaba la remontada. La mejora defensiva fue igualmente notable, permitiendo robalas y correr al contraataque. De esta manera, el Casademont cerraba el primer cuarto con un parcial de 19-21 que ya insinuaba el camino a seguir.
El segundo periodo trajo consigo el despertar de Devin Robinson. El alero norteamericano había comenzado el encuentro de forma horrorosa, errando lanzamientos que normalmente ejecuta con los ojos cerrados. Sin embargo, la calidad de los grandes jugadores reside en superar los malos momentos, y Robinson lo hizo a la perfección. Se convirtió en un referente anotador, creador de juego y dominador del rebote, mostrando su versión más completa justo cuando el equipo más lo requería.
Pese a que el juego colectivo del Casademont todavía no alcanzaba su máximo nivel, la calidad individual de sus referentes permitió abrir una brecha significativa en el marcador. La ventaja alcanzó los nueve puntos (25-34) y el control del ritmo del encuentro pasó definitivamente a manos aragonesas. El Dinamo Sassari, por su parte, solo podía agarrarse a destellos aislados de Thomas y McGlynn, pero sin la consistencia necesaria para inquietar seriamente a los visitantes.
La inteligencia competitiva del Casademont se manifestó de forma evidente antes del descanso. Los jugadores forzaron continuas faltas que les llevaron a la línea de tiros libres, acumulando puntos sin depender del acierto desde el perímetro. De hecho, el equipo no anotó ni un solo triple en el segundo cuarto, demostrando una capacidad de adaptación y diversificación ofensiva que resultó clave. El 34-42 con el que se llegó al intermedio reflejaba una ventaja cómoda pero trabajada con mimo.
La reanudación del encuentro trajo consigo un intento de reacción local. Jacob Pullen, histórico escolta conocido por su récord ACB de doce triples en un mismo partido, quiso recordar sus mejores tiempos con ocho puntos seguidos que hicieron temblar ligeramente a la parroquia visitante. Sin embargo, resultó ser un espejismo en el desierto de un equipo sin alma ni nivel competitivo suficiente.
El Casademont respondió con la contundencia de sus líderes. Yusta volvió a anotar, Joaquín Rodríguez robó en el saque y sumó dos puntos más, y Robinson completó la sequía italiana con otra canasta. La máxima ventaja se amplió hasta el 44-55, y el partido parecía sentenciado a falta de diez minutos para la conclusión.
No obstante, los de Ramírez sufrieron uno de sus habituales trances de desconexión. El ataque, que solo requería calma y paciencia para administrar la ventaja, se volvió precipitado y desordenado. Los italianos aprovecharon para recortar distancias y mantener una esperanza mínima de remontada. Fue entonces cuando la experiencia y la madurez del conjunto aragonés volvieron a hacer acto de presencia, recuperando el control del tempo y las buenas decisiones en los momentos críticos.
El último cuarto fue un monólogo absoluto del Casademont. La defensa, sólida durante todo el encuentro, se convirtió en una muralla infranqueable. Los rebotes, especialmente los defensivos, fueron una constante que permitió correr el contraataque y anotar con facilidad. La ventaja superó los veinte puntos en varios momentos, y el marcador final de 75-94 reflejó con justicia la diferencia de nivel entre ambos conjuntos.
El balance individual resultó espectacular para los intereses maños. Santiago Yusta finalizó con 31 de valoración, demostrando una vez más por qué es el capitán y referente indiscutible del equipo. Su liderazgo, tanto en anotación como en dirección, resultó fundamental para el desarrollo positivo del encuentro. Por su parte, Devin Robinson, tras su mal arranque, acabó con 25 de valoración, mostrando su versión más completa y demostrando su capacidad de superar la adversidad. Joaquín Rodríguez, con 20 de valoración, completó el trío de ases que lideró la victoria con autoridad.
La importancia de este triunfo trasciende lo meramente estadístico. El Casademont Zaragoza conserva intactas sus opciones de clasificación para la siguiente fase de la FIBA Europe Cup, aunque la tarea no resulta sencilla. Quedan tres encuentros por disputar en esta segunda fase, y cada uno de ellos asume la dimensión de una final. La victoria en territorio italiano, lejos de casa y con las bajas que aquejan al equipo, demuestra la capacidad de superación de un grupo que no se rinde ante ninguna adversidad.
Las próximas semanas serán decisivas para el futuro europeo del conjunto aragonés. La regularidad defensiva mostrada en Sassari debe convertirse en la seña de identidad del equipo, mientras que la calidad ofensiva de sus referentes debe mantenerse en los niveles exhibidos en la cancha italiana. La gestión del cansancio y las bajas será igualmente crucial, especialmente teniendo en cuenta la densidad del calendario competitivo.
La victoria en Cerdeña representa un punto de inflexión emocional para un equipo que necesitaba una inyección de moral tras las últimas semanas complicadas. El nivel de competición europea exige la máxima concentración en cada detalle, y el Casademont demostró en Sassari que posee los recursos necesarios para competir con garantías. Ahora solo falta trasladar esta solidez a los compromisos venideros y cerrar la fase con el objetivo cumplido.
El baloncesto, en ocasiones, premia la constancia y el trabajo. Esta victoria es fruto de ambas virtudes, de una plantilla comprometida y de un cuerpo técnico que sabe sacar lo mejor de sus jugadores cuando las circunstancias se tuercen. El camino europeo del Casademont Zaragoza continúa, y lo hace con la ilusión intacta y la convicción de que, con este nivel de compromiso, cualquier objetivo es alcanzable.