El derbi catalán entre el Espanyol y el Barcelona en el RCDE Stadium dejó numerosas lecturas, pero una de las más destacadas fue la ausencia de impacto de Marcus Rashford. El delantero inglés, recién llegado al conjunto culé, no logró imponer su calidad en un encuentro marcado por la intensidad y la presión constante del equipo perico.
Desde el inicio del partido, el Espanyol salió con una actitud agresiva y una presión asfixiante sobre los hombres de Hansi Flick. Cada balón dividido se convirtió en una batalla, y el conjunto local disputó cada acción con una entrega máxima. En este contexto, Rashford pareció desconectado, sin encontrar su lugar en el sistema barcelonista.
Las características del futbolista son indiscutibles. Se trata de un atacante polivalente, con un físico imponente, velocidad y olfato goleador. Su capacidad para jugar tanto en las bandas como en la posición de nueve le convierten en un recurso valioso. Sin embargo, estas cualidades no se reflejaron en el césped del estadio de Cornellà-El Prat.
Uno de los aspectos más criticados fue su falta de compromiso defensivo. Mientras el Espanyol presionaba en bloque y obligaba al Barcelona a jugar en campo propio, Rashford permanecía estático, sin colaborar en las tareas de recuperación. Esta pasividad contrastaba con el esfuerzo desplegado por sus compañeros, que debían multiplicarse para compensar su desidia.
En la banda izquierda, donde fue ubicado tras el descanso, su conexión con Alejandro Balde fue prácticamente inexistente. El lateral azulgrana se vio desbordado en múltiples ocasiones, sin recibir la ayuda necesaria del extremo. La falta de química entre ambos jugadores resultó evidente, y el Barcelona perdió una de sus vías de ataque preferentes.
La comparación con Raphinha, quien actuó en el flanco derecho, resulta inevitable. El brasileño tampoco vivió su mejor tarde, pero al menos mostró intensidad y voluntad de participar en el juego colectivo. Rashford, por el contrario, limitó su contribución a algunos desmarques esporádicos que no generaron peligro real.
La solución para el equipo de Flick llegó desde el banquillo. La entrada de Dani Olmo y Fermín López revolucionó el encuentro. Ambos jugadores aportaron dinamismo, movilidad y, sobre todo, una implicación total con las necesidades del equipo. Su actitud sirvió de contraste con la pasividad mostrada por Rashford.
El delantero inglés apenas participó en las combinaciones ofensivas. Sus toques de balón fueron escasos y, en la mayoría de ocasiones, sin transcendencia. Cuando recibía el esférico, su primera opción era el regate individual, pero la defensa del Espanyol, bien organizada y compacta, neutralizó fácilmente sus intentos.
La presión del conjunto local no era una excusa para justificar su rendimiento. Otros compañeros, como Pedri o Gündogan, supieron encontrar espacios y generar juego pese al asedio perico. La diferencia radicaba en la actitud y la intensidad con la que afrontaron el compromiso.
El físico de Rashford, una de sus principales armas, no se tradujo en superioridad en los duelos individuales. Leandro Cabrera y los centrales espanyolistas le ganaron la mayoría de las disputas aéreas y en carrera. Su velocidad, teóricamente devastadora, no se materializó en desmarques en profundidad que pusieran en apuros a la zaga rival.
El contexto del partido exigía una implicación máxima de todos los jugadores. El Espanyol presionaba con tres jugadores sobre cada hombre que recibía el balón, lo que obligaba a los culés a mover el esférico con rapidez y precisión. Rashford, sin embargo, parecía un espectador más, sin integrarse en los mecanismos de circulación.
La falta de intensidad defensiva del delantero generó desequilibrios tácticos. Cuando el Espanyol recuperaba en campo contrario, la banda izquierda del Barcelona quedaba desprotegida y vulnerable. Balde debía hacer frente a dos o tres jugadores rivales sin el apoyo de su compañero de banda.
La comparación con otros delanteros modernos resulta inevitable. En la élite del fútbol actual, los atacantes deben contribuir en todas las fases del juego. Jugadores como Griezmann, Benzema o incluso Lewandowski han demostrado que la participación defensiva es obligatoria para competir al más alto nivel.
Rashford parece aún anclado en un modelo de delantero específico, centrado únicamente en el ataque. Esta concepción, válida en ciertos contextos, resulta insuficiente cuando el equipo sufre y necesita la colaboración de todos sus efectivos.
El tiempo que permaneció en el campo, antes de ser sustituido, fue suficiente para dejar una sensación de insuficiencia. Los aficionados azulgranas, acostumbrados a ver a sus delanteros entregados hasta el último suspiro, no entendieron la pasividad del inglés.
La pregunta que surge es si se trata de un problema de adaptación o de una característica intrínseca de su juego. Los primeros compases de su etapa en el Barcelona no han sido convincentes, y partidos como el derbi ponen de manifiesto las carencias en su repertorio táctico.
Hansi Flick tendrá que trabajar específicamente con el jugador para inculcarle la intensidad y el compromiso que exige su modelo de juego. El entrenador alemán es conocido por su exigencia y por no tolerar la falta de entrega. Rashford deberá demostrar una actitud diferente si quiere ganarse la confianza de su técnico.
El delantero cuenta con la calidad necesaria para triunfar en el Barcelona, pero necesita una transformación en su mentalidad. El fútbol moderno no admite atacantes que no participen en la construcción y en la recuperación del balón. Su polivalencia ofensiva debe complementarse con una implicación defensiva constante.
El derbi catalán sirvió como un examen exigente para Rashford, y los resultados no fueron positivos. Su actuación fue discreta, sin impacto, y generó más dudas que certezas sobre su capacidad para adaptarse a las exigencias del Barcelona.
El camino es largo y el jugador dispone de tiempo para revertir la situación. Sin embargo, los partidos de máxima exigencia no esperan, y el Barcelona necesita que todos sus jugadores estén al máximo nivel. La competencia por la titularidad es feroz, y actuaciones como la del derbi no ayudan a consolidarse en el once.
El mensaje es claro: la calidad individual no basta si no va acompañada de una entrega total. Rashford debe entender que el escudo del Barcelona exige un compromiso absoluto, tanto en ataque como en defensa. Solo así podrá convertirse en el jugador decisivo que se espera de él.