El pisotón que frustró el sueño olímpico de Martínez de Albornoz

Un incidente con un rival francés en la Copa del Mundo de Tromso acabó con las opciones del esquiador donostiarra de competir en Milano-Cortina 2026

Iñigo Martínez de Albornoz llevaba nueve meses preparando el momento decisivo. Nueve meses de entrenamientos exhaustivos, muchos de ellos sin ver un gramo de nieve, pedaleando kilómetros en bicicleta, deslizándose sobre rodillos y corriendo por montes verdes. Todo para una carrera de apenas tres minutos que podría abrirle las puertas de los Juegos Olímpicos de Invierno. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Un simple pisotón en la semifinal de la Copa del Mundo de esquí de montaña, celebrada el pasado 12 de abril en Tromso, Noruega, acabó con su ilusión de estar en Milano-Cortina 2026.

El esquiador donostiarra había dedicado toda la temporada a este objetivo. Entre abril y principios de diciembre, sin competiciones oficiales, su rutina se basó en sesiones de altísima intensidad en el monte Bianditz, en Navarra. Allí, donde la nieve brilla por su ausencia, Martínez de Albornoz perfeccionó cada transición, cada movimiento, cada estrategia. La preparación psicológica también ocupó un lugar central en su plan, trabajando con especialistas en visualización, manejo del estrés competitivo y fortalecimiento mental. Pero el deporte de élite es así: un segundo puede destruir años de trabajo y sacrificio constante.

El esquí de montaña debutará como disciplina olímpica en los Juegos de Milano-Cortina, lo que aumentaba exponencialmente el valor de la cita para todos los competidores. La prueba de Tromso representaba la última oportunidad para conseguir una de las dos plazas olímpicas restantes en la modalidad de sprint. Oriol Cardona y Ana Alonso ya tenían las suyas aseguradas, tanto en individual como en relevos mixtos. En la categoría femenina, María Costa había superado sin complicaciones a Marta García. La verdadera emoción residía en la lucha masculina, donde el guipuzcoano y el catalán Ot Ferrer llegaban empatados a puntos tras toda la temporada.

El reglamento era claro: Martínez de Albornoz necesitaba ganar la final de la primera prueba de la Copa del Mundo en Estados Unidos y que Ferrer no superara el cuarto puesto. Alternativamente, debía recuperar la diferencia de puntos en el último evento. Ambos españoles coincidieron en la segunda semifinal de Tromso, un cruce de caminos que anticipaba un desenlace dramático y definitivo para sus aspiraciones olímpicas.

"En la primera transición llegué junto a Ot, éramos los primeros, pero la lié porque se me resbaló un esquí de la mano al ir a colocarlo en la mochila y casi se me cayó", reconoce el deportista. A pesar de este contratiempo inicial, logró recuperarse en el tramo a pie y se situó en posición de clasificación. "Estábamos para pasar Ot y yo, pero el francés Robin Galindo quiso adelantarme en un sitio sin hueco y me pisó los esquís. Tres metros más lejos se me salió un esquí".

El impacto fue devastador. En una disciplina donde cada milésima cuenta, perder segundos por un incidente ajeno a tu rendimiento equivale a una sentencia. "Yo sé que llevaba la puntera de la fijación bloqueada, pero al pisarme la desbloqueó y me vi sin esquí", explica. La secuencia fue fulminante: en cuestión de dos segundos, pasó de visualizarse en la final a ver desvanecerse su sueño olímpico.

"Después de eso era imposible remontar. Al ver que se me quedaba el esquí atrás no me engañé: en dos segundos pasé de verme en la final a verme fuera de todo, y fue una sensación rara. Me di cuenta de la situación, fue un golpe duro", admite con la sinceridad de quien ha asumido la crueldad del deporte de élite.

En la final, Ot Ferrer ya tenía su plaza asegurada. Curiosamente, acabó en última posición entre los seis finalistas. El mismo Robin Galindo que truncó las aspiraciones de Martínez de Albornoz también obstaculizó al catalán, cruzando uno de sus bastones sobre sus esquís. Los jueces, sin embargo, no consideraron sancionable la acción, una decisión que dejó un regusto amargo en el equipo español y generó debate sobre la necesidad de mayor protección para los atletas en competiciones de alto riesgo.

A pesar del golpe, el donostiarra no pierde la sonrisa ni el optimismo. Milano-Cortina 2026 ya no es una opción, pero los Juegos de 2030 brillan en su horizonte. Mientras tanto, su foco está en la temporada 2026 y en la Copa del Mundo, que arranca en doce días. El reto ahora es mirar hacia adelante sin dejar que el recuerdo de 2025 condicione su rendimiento, un ejercicio de fortaleza mental que pocos atletas logran dominar tras una decepción tan amarga.

La historia de Martínez de Albornoz ejemplifica la dualidad del deporte de alto nivel: la dedicación absoluta frente a la fragilidad del resultado final. Nueve meses de sacrificio reducidos a tres minutos de carrera, y estos a dos segundos de mala suerte. Sin embargo, su actitud demuestra que la verdadera grandeza no se mide solo por las medallas, sino por la capacidad de resurgir cuando el destino te derriba.

El deporte de élite no entiende de merecimientos, solo de resultados. Pero en la mirada de Iñigo Martínez de Albornoz queda claro que su verdadera victoria será la de convertir esta adversidad en el combustible que alimente su camino hacia 2030. La resiliencia, más que cualquier clasificación, define al atleta completo y construye leyendas duraderas en la memoria del deporte y en el corazón de los aficionados.

Referencias