La Fiorentina desató su mejor versión este fin de semana en un encuentro que quedará grabado en la memoria de su afición. Con un contundente 5-1 sobre la Udinese, el conjunto toscano demostró una superioridad aplastante que refleja su ambición en la competición doméstica. La victoria no solo aporta tres puntos valiosos, sino que también envía un mensaje claro al resto de la liga: la Fiorentina está en forma y dispuesta a pelear por los puestos de privilegio.
Desde el pitido inicial, el dominio fue local. Los jugadores de Vincenzo Italiano salieron al césped con una intensidad que desbordó a una Udinese que pareció sorprendida por el ritmo impuesto por los viola. La presión adelantada y la rapidez en la transición se convirtieron en las armas más efectivas del conjunto florentino, que no tardó en hacerse con el control absoluto del balón y del tempo del encuentro.
El primer gol llegó como consecuencia de esa insistencia. Moise Kean, que volvía a la titularidad con hambre de gol, aprovechó una asistencia precisa de Dodô para batir al portero rival con un disparo cruzado impecable. El delantero italiano, cedido por la Juventus, ha encontrado en la Fiorentina el espacio perfecto para desarrollar su talento, y este encuentro fue una nueva demostración de su potencial goleador.
La reacción de la Udinese fue tímida. Los friulanos, dirigidos por Andrea Sottil, intentaron reorganizarse tras el golpe inicial, pero la fiorentina no les dio respiro. La línea defensiva local, liderada por una actuación sólida de Marin Pongracic, mantuvo a raya a los escasos intentos de ataque visitante, mientras el centro del campo, con la presencia de Nicolò Fagioli, tejía el juego con criterio y precisión.
El segundo tanto llegó antes del descanso, obra de Oumar Solet, quien sorprendió a todos con un disparo lejano que se coló en la escuadra derecha de la portería defendida por Maduka Okoye. La jugada, iniciada por Jakub Piotrowski, culminó con un golazo que dejó sin reacción a la defensa visitante y prácticamente sentenció el encuentro antes de llegar a los vestuarios.
La segunda mitad comenzó con cambios tácticos por parte de ambos entrenadores. Italiano decidió dar descanso a algunos de sus titulares, introduciendo a Roberto Piccoli y Christian Kouamé en lugar de Kean y Fabiano Parisi. La rotación no mermó el rendimiento del equipo, que continuó dominando con autoridad.
La Udinese, por su parte, intentó reaccionar con la entrada de Idrissa Gueye y Adam Buksa por Jurgen Ekkelenkamp y Keinan Davis. Sin embargo, los cambios no surtieron el efecto deseado. Los visitantes seguían teniendo problemas para superar la presión local y generar ocasiones claras de peligro.
El tercer gol de la Fiorentina llegó tras una jugada colectiva exquisita. Albert Gudmundsson, que había entrado en la segunda mitad, participó en una combinación que terminó con otro tanto de Kean, quien firmó así su doblete particular. El delantero demostró una efectividad demoledora, aprovechando cada oportunidad que tuvo para aumentar su cuenta goleadora.
La Udinese logró descontar mediante Thomas Kristensen, quien cabeceó a la red un centro preciso de Sandi Lovric. El gol, anotado en el tramo final del encuentro, fue un mero consuelo para un equipo que nunca estuvo a la altura de las circunstancias. La defensa de la Fiorentina, que había sido impecable durante la mayor parte del encuentro, se relajó ligeramente en esa acción aislada.
El cuarto tanto local llegó de nuevo por mediación de Moise Kean, que completó su hat-trick con un remate desde el centro del área que certificó su gran tarde. La asistencia, nuevamente de Dodô, puso de manifiesto la buena sintonía entre ambos jugadores en el flanco derecho del ataque viola.
El quinto y definitivo gol fue obra de Niccolò Fortini, quien aprovechó un error defensivo de la Udinese para sentenciar el marcador. El joven talento de la Fiorentina, que había entrado en los últimos minutos, demostró su olfato goleador y su capacidad para aprovechar las oportunidades.
El árbitro decretó tres minutos de descuento, tiempo en el que la Fiorentina administró cómodamente su ventaja. La tarjeta amarilla mostrada a Hans Nicolussi Caviglia por juego peligroso fue uno de los pocos incidentes destacables en un tramo final sin sobresaltos.
El análisis del encuentro revela un dominio absoluto de la Fiorentina en prácticamente todos los aspectos del juego. Los toscanos superaron a su rival en posesión, ocasiones claras, precisión en pase y efectividad de cara a gol. La actuación de Moise Kean fue, sin duda, la gran protagonista, pero el rendimiento colectivo del equipo fue igualmente excepcional.
Por parte de la Udinese, la derrota deja un sabor amargo y muchas interrogantes. El equipo mostró una imagen frágil en defensa y falto de ideas en ataque. Los cambios realizados por Sottil no lograron revertir la situación, y los jugadores entrados desde el banquillo tampoco aportaron la chispa necesaria para cambiar el rumbo del encuentro.
Este resultado tiene implicaciones importantes en la tabla clasificatoria. La Fiorentina suma tres puntos vitales que le acercan a los puestos europeos, mientras que la Udinese se ve relegada en la zona media-baja, lejos de los objetivos iniciales de la temporada. La diferencia de goles también puede ser un factor determinante en el desenlace final de la competición.
La próxima jornada presenta nuevos desafíos para ambos conjuntos. La Fiorentina visitará al Milan en un duelo directo por la Champions, mientras que la Udinese recibirá al Monza con la necesidad imperiosa de sumar para no descolgarse definitivamente. La confianza ganada o perdida en este tipo de encuentros marca a menudo el devenir de las siguientes semanas.
En definitiva, el 5-1 refleja fielmente lo visto sobre el terreno de juego: una Fiorentina en estado de gracia y una Udinese que debe reflexionar urgentemente sobre sus errores para revertir la situación. El fútbol, a veces, es cuestión de estados de forma, y en este encuentro, los locales estuvieron varios escalones por encima de su rival.