La Real Sociedad ha decidido apostar por la filosofía germana para revertir una trayectoria que no comenzó como se esperaba. Tras valorar diferentes opciones, la dirección deportiva donostiarra ha puesto sus miras en Pellegrino Matarazzo, un entrenador italoamericano nacido en Nueva Jersey en 1977 que, pese a no gozar de gran popularidad mediática, posee un currículum que explica perfectamente la confianza depositada en él.
Matarazzo representa la esencia del fútbol teutón contemporáneo. Su carrera como futbolista, siempre en categorías regionales alemanas, finalizó en 2010 sin haber pisado las grandes ligas. Sin embargo, esa trayectoria anónima le sirvió para adentrarse en el corazón del fútbol germano. Durante cinco años formó parte de la cantera del Núremberg, donde moldeó a las promesas del club mientras completaba su formación como técnico.
La verdadera revolución en su perfil llegó en 2015, cuando ingresó en la prestigiosa Hennes-Weisweiler-Akademie, la escuela de entrenadores más respetada de Alemania. Allí compartió habitación con Julian Nagelsmann, actual seleccionador nacional germano, lo que le abrió las puertas a formar parte de su cuerpo técnico en el Hoffenheim en 2018. Esa experiencia le permitió interiorizar los principios del fútbol moderno: presión asfixiante, transiciones vertiginosas y un juego poco contemplativo.
Su primera oportunidad como entrenador principal llegó en 2019 con el Stuttgart de segunda división. La coincidencia temporal resulta asombrosa: asumió el cargo el 30 de diciembre, en pleno parón navideño, exactamente igual que ahora con la Real Sociedad. Aquella vez, el extenso descanso invernal alemán le otorgó un mes para preparar su debut oficial, que culminó con una victoria contundente por 3-0. En apenas siete partidos (cuatro triunfos, dos empates y una derrota), Matarazzo transformó un vestuario decaído en un conjunto competitivo.
La pandemia interrumpió esa progresión ascendente. Tras el reinicio, el equipo necesitó tiempo para recuperar el ritmo, pero finalmente logró la segunda plaza y el ansiado ascenso a la Bundesliga. Su capacidad para reconducir situaciones límite quedó patente.
En su regreso a la élite, el Stuttgart de Matarazzo finalizó en una meritoria novena posición, consolidando la categoría con autoridad. La siguiente campaña repitió la gesta, manteniendo al club en primera división. Sin embargo, la temporada 2022-23 se le atragantó: tras nueve jornadas sin conocer la victoria, fue destituido en octubre.
El técnico no tardó en resurgir. Cuatro meses después, el Hoffenheim, sumido en una crisis similar (cuatro meses sin ganar), le llamó para efectuar una nueva reconstrucción. El final de curso fue un sueño: solo tres derrotas en las últimas diez jornadas permitieron la salvación. La temporada 2023-24 representó su cenit profesional: séptimo puesto y plaza de Europa League, la única experiencia continental de su carrera. Ese éxito, no obstante, no le blindó: en noviembre de 2024 fue despedido.
Ahora, tras un año alejado de los banquillos, Matarazzo afronta el desafío más exigente de su trayectoria. La Real Sociedad no solo atraviesa una crisis deportiva, sino que necesita recuperar su identidad. Los que le conocen aseguran que su método se basa en un juego agresivo con presión alta y transiciones rápidas, lejos de cualquier contemplación. Su esquema predilecto, el 3-4-1-2, supondrá un reto de adaptación para una plantilla txuri-urdin configurada con otras ideas.
La cantera será otro pilar fundamental. Matarazzo, formado en las bases del Núremberg, siente devoción por los jóvenes talentos y no duda en darles oportunidades. En un club como la Real, donde la cantera es seña de identidad, esta sinergia puede resultar decisiva.
El técnico llega a Donostia con la etiqueta de especialista en crisis. Su historial demuestra que sabe transformar la adversidad en oportunidad, pero la exigencia de la Real supera cualquier reto anterior. La afición espera que el método alemán, con acento italoamericano, devuelva la ilusión a un proyecto que necesita urgentemente un golpe de timón.