El Atlético de Madrid logró el pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey, pero lo hizo tras un sufrimiento inesperado en territorio balear. El conjunto rojiblanco necesitó de la inspiración de Antoine Griezmann, autor de un doblete, y de una exhibición del guardameta Juan Musso, que detuvo un penalti clave, para superar a un combativo Atlético Baleares que planteó serias dificultades en el estadio de Son Malferit.
El duelo, correspondiente a los dieciseisavos de final, presentaba un escenario propicio para las rotaciones. Diego Pablo Simeone aprovechó para dar descanso a varios titulares habituales, pero el plan se complicó desde los primeros compases. La peor noticia llegó cuando Clement Lenglet tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión en su primera intervención relevante, lo que obligó a reestructurar la zaga y generó cierta inestabilidad defensiva.
El inicio del encuentro pintaba un trámite cómodo para los visitantes. El Atlético controlaba el balón con solvencia y buscaba abrir el marcador con paciencia. La primera ocasión clara llegó por medio de un contragolpe que dejó solo ante el portero al delantero local, pero Musso respondió con una intervención magistral en el mano a mano, evitando el tanto que habría sacudido el guion del partido.
Precisamente, el guardameta argentino se convirtió en figura desde el pitido inicial. Sus intervenciones permitieron al equipo capitalino mantenerse a flote mientras encontraba su ritmo ofensivo. Y ese ritmo llegó de la mano de Griezmann. El francés, en un estado de forma envidiable, inauguró el marcador tras una combinación de calidad con Conor Gallagher y Thiago Almada. La jugada, elaborada con precisión, culminó con un remate cruzado que batió al meta del Baleares.
El segundo gol no se hizo esperar. Giacomo Raspadori, que aprovechó su titularidad para dejar muestras de su olfato goleador, cabeceó a la red un centro medido de Nahuel Molina. El italiano, más cómodo en la zona ofensiva que en tareas defensivas, demostró su efectividad en el área rival. Con el 0-2, todo parecía encarrilado para el conjunto colchonero, pero el guion daría un giro inesperado.
El balón parado se convirtió en la principal arma del conjunto mallorquín y, al mismo tiempo, en la mayor preocupación para Simeone. Un saque de esquina peinado en el primer palo encontró a Gerardo completamente solo en el segundo, y su remate acortó distancias. De repente, el partido cobraba otra dimensión y las dudas aparecían en el bloque visitante.
La reanudación confirmó los temores. El Atlético salió desconcentrado y el Baleares, con la moral por las nubes, apretó el acelerador. Musso volvió a ser exigido en otro mano a mano claro que detuvo con seguridad, demostrando su estado de gracia. Los locales crecían y el dominio rojiblanco se desvanecía por completo.
El sufrimiento se extendía y el empate llegó de nuevo a balón parado. Una nueva jugada aérea desbordó a la defensa atlética y el Baleares no perdonó, estableciendo el 2-2. El estadio vibraba con la posibilidad de la gesta y el Atlético se veía superado en intensidad y claridad. La falta de acierto local y la figura de Musso, con otra parada espectacular a disparo lejano, evitaron la remontada completa.
Cuando el partido más se complicaba para los intereses del conjunto madrileño, apareció de nuevo Griezmann. El francés, con su instinto asesino, remató de primeras un centro desde la izquierda para firmar su segundo gol de la noche y devolver la ventaja a su equipo. Un golpe de efecto que, momentáneamente, calmó los nervios.
Pero el drama no había terminado. Musso, en una salida precipitada, derribó a un rival dentro del área y el colegiado señaló la pena máxima. El propio portero, sin embargo, se redimió al detener el lanzamiento, firmando una actuación para enmarcar. Aún quedaba tiempo para más emoción, ya que en los instantes finales una nueva falta en el área del Atlético permitió al Baleares anotar su tercer gol, también de penalti.
El resultado final reflejó una victoria 3-2 para el Atlético de Madrid, pero las sensaciones fueron muy diferentes. El equipo de Simeone avanza en el torneo del KO, pero deja serias dudas en defensa, especialmente en las jugadas a balón parado, y confirma su dependencia de las individualidades de Griezmann y Musso. La lesión de Lenglet, por su parte, añade una nueva preocupación al técnico argentino de cara a los próximos compromisos.
El conjunto rojiblanco cumplió el objetivo de pasar de ronda, pero el aviso del Baleares fue claro: en la Copa, cualquier rival puede generar problemas si no se aborda el duelo con la concentración necesaria. La competición doméstica más antigua volvió a demostrar su capacidad para producir escenarios de máxima tensión, incluso cuando el favorito parte con todas las de ganar.