El Real Oviedo afronta una nueva remodelación en su estructura técnica a mediados de diciembre, con la destitución de Luis Carrión como consecuencia de una crisis deportiva sin precedentes. La humillante derrota por 4-0 en Sevilla ha sido el punto culminante de una segunda etapa del entrenador catalán que no ha podido revertir la dinámica negativa del equipo. En apenas nueve encuentros oficiales, Carrión no ha logrado ninguna victoria, un registro que resulta insostenible para las aspiraciones del club carbayón.
La goleada sufrida en el Sánchez Pizjuán ha precipitado una decisión que, según fuentes cercanas al club, ya era contemplada desde hace semanas. Minutos antes de que la expedición oviedista emprendiera el regreso a Asturias, la entidad hizo oficial el cese del técnico a través de un comunicado en su página web. El mensaje, protocolario pero contundente, agradecía a Carrión y a su cuerpo técnico "su entrega, profesionalidad y trabajo durante su etapa en el Club", al tiempo que le deseaba "toda la suerte del mundo en su futuro profesional". No obstante, la realidad en las gradas del estadio sevillano reflejaba una tensión evidente, con los aficionados desplazados mostrando su descontento con el entrenador, cuya continuidad ya se antojaba inviable.
Este cambio convierte al Oviedo en uno de los clubes con mayor inestabilidad técnica de la temporada, ya que Carrión se convierte en el tercer entrenador que abandona el banquillo azul en lo que va de curso. La propiedad mexicana del club, liderada por Jesús Martínez, ha decidido tomar las riendas de la situación desde el país azteca, donde se gestionan todas las decisiones estratégicas de la entidad asturiana. Es precisamente desde México desde donde se está gestando el nombre del sucesor.
El perfil elegido por la dirección deportiva responde al nombre de Guillermo Almada, actual entrenador del Real Valladolid. El técnico uruguayo, de 47 años, ha despertado el interés de la propiedad oviedista por su exitoso pasado en el fútbol mexicano, donde dirigió a Pachuca durante cuatro temporadas. Bajo su mandato, el club hidalguense conquistó la Liga MX en el Clausura 2016 y la Liga de Campeones de la CONCACAF en 2017, además de desarrollar un estilo de juego ofensivo y vistoso que le valió el reconocimiento del presidente del club, Jesús Martínez.
Precisamente esta conexión mexicana resulta fundamental para entender el interés del Oviedo por Almada. Jesús Martínez, quien además de ser presidente de Pachuca es accionista mayoritario del club asturiano, ha sido siempre un defensor incondicional de los métodos de trabajo del entrenador charrúa. La confianza depositada en Almada durante su etapa en México ha trascendido fronteras y ahora podría materializarse en el fútbol español.
Según información adelantada por AS y confirmada posteriormente por la Cadena SER, el técnico uruguayo ya habría dado su conformidad para hacerse cargo del proyecto oviedista. Este paso previo, crucial en cualquier negociación, abre ahora la puerta a la fase más compleja: el acuerdo entre clubes. Almada tiene contrato vigente con el Real Valladolid, equipo que dirige desde el pasado verano y con el que mantiene una relación profesional estable, lejos de los focos de crisis.
La negociación entre el Oviedo y el Valladolid promete ser delicada. El club pucelano, consciente del valor de su entrenador, no pondrá fácil su salida. La cláusula de rescisión, el momento de la temporada y la necesidad de encontrar un sustituto adecuado son factores que complican la operación. No obstante, la determinación de la propiedad mexicana del Oviedo y la voluntad expresa de Almada podrían acelerar los plazos.
Los números que justifican el cambio son demoledores. Desde su regreso al banquillo oviedista, Luis Carrión acumula cuatro empates y cuatro derrotas en ocho jornadas de Liga, además de la eliminación en Copa del Rey ante el Ourense. Pero el dato más preocupante, y que refleja la falta de ideas del equipo, es el de los seis partidos consecutivos sin marcar ningún gol. Esta sequía ofensiva, combinada con una defensa vulnerable, ha situado al Oviedo en una posición comprometida en la tabla, lejos de los puestos de playoff que marcaban el objetivo inicial.
La llegada de Almada representaría un cambio de filosofía total. Su experiencia en México le ha dotado de una capacidad probada para gestionar plantillas jóvenes y sacar el máximo rendimiento a futbolistas con proyección. Su estilo, basado en el control del balón y la presión adelantada, contrasta con el juego directo y sin ideas que ha mostrado el Oviedo en las últimas semanas. Además, su conocimiento del mercado latinoamericano podría abrir nuevas vías de refuerzo para un club que históricamente ha encontrado en Sudamérica una fuente de talento económico.
La situación del Valladolid, por su parte, también entra en la ecuación. El equipo blanquivioleta ocupa una cómoda posición en la zona media alta de la tabla, sin presión inmediata ni objetivos de ascenso a corto plazo. Esta tranquilidad podría facilitar una salida negociada, siempre que se alcance un acuerdo económico satisfactorio para ambas partes. La cláusula de rescisión, cuyo monto no ha trascendido, será el principal escollo a superar.
Para el Oviedo, la contratación de Almada supondría un golpe de efecto importante. No solo por el prestigio del técnico, sino por el mensaje que enviaría a la afición: la propiedad está dispuesta a invertir en un proyecto deportivo serio y a largo plazo. Tras meses de incertidumbre y decisiones precipitadas, la apuesta por un entrenador con bagaje internacional podría ser el punto de inflexión que el club necesita.
El calendario, no obstante, no da tregua. Con la competición en plena ebullición y la necesidad de sumar puntos de inmediato, Almada tendría muy poco margen de error. Su adaptación a la idiosincrasia del fútbol español, y concretamente a la Segunda División, será clave. La liga española es conocida por su competitividad y por la dificultad de implementar estilos de juego elaborados sin tiempo de pretemporada.
Mientras tanto, la afición oviedista espera con expectación el desenlace de esta negociación. Las críticas a la gestión deportiva han sido constantes durante toda la temporada, y muchos aficionados ven en Almada una oportunidad de revertir la dinámica negativa. La presencia de un técnico con experiencia en competiciones internacionales y con el respaldo de la propiedad podría ser el catalizador que reactive un proyecto que parece estancado.
La próxima semana será decisiva. Las negociaciones entre el Oviedo y el Valladolid entrarán en su fase final, y se espera que ambas entidades alcancen un principio de acuerdo. La voluntad de Almada, ya manifestada, es el primer paso. Ahora falta el más complejo: convencer al club pucelano de que deje marchar a su entrenador en mitad de la temporada. El futuro deportivo del Real Oviedo depende, en gran medida, del éxito de estas conversaciones.