La ciudad italiana de Nápoles se convierte desde este sábado en el nuevo epicentro del arte contemporáneo europeo con la inauguración de una ambiciosa exposición dedicada a Joan Miró. La muestra, titulada ‘Joan Miró: para luego llegar al alma’, se instala en el emblemático espacio de la basílica de Santa Maria Maggiore alla Pietrasanta y permanecerá abierta al público hasta el próximo 19 de abril, convirtiéndose en uno de los eventos culturales más destacados de la temporada navideña y primaveral en la región de Campania.
La iniciativa, que cuenta con el respaldo institucional del Ayuntamiento de Nápoles, el Consulado de España y el Instituto Cervantes, propone un recorrido inmersivo por la faceta más experimental y gráfica del artista mallorquín. A diferencia de las retrospectivas tradicionales que se centran exclusivamente en su pintura, esta propuesta pone el foco en la relación íntima que Miró mantuvo con la palabra, el símbolo y las diversas técnicas de impresión que dominaron su producción desde mediados del siglo XX.
El comisariado ha diseñado un itinerario que atraviesa siete áreas temáticas diferenciadas, cada una dedicada a una etapa o aspecto concreto de su evolución creativa. Esta estructura permite al visitante comprender cómo Miró transformó el lenguaje visual mediante la síntesis entre imagen y texto, creando un diálogo constante entre lo figurativo y lo abstracto que definió su legado. El ritmo del gesto y la libertad compositiva caracterizan cada una de las piezas expuestas, reflejando la profunda conexión del artista con su entorno mediterráneo y particularmente con Mallorca, donde desarrolló gran parte de su madurez artística.
Entre las obras más significativas que el público podrá contemplar destacan las litografías a color del Centenario Mourlot (1953), una serie que demuestra la maestría de Miró en la técnica litográfica y su capacidad para crear universos oníricos a través del color y la línea. La colección continúa con la icónica Serie II, azul y rojo (1961), donde el artista reduce su paleta cromática a la esencia para potenciar el impacto simbólico de cada trazo.
La década de los sesenta está representada por obras fundamentales como Los vigías (Les guetteurs) (1964), pieza que encapsula la obsesión de Miró por la vigilancia, el cosmos y la condición humana. También se exhibe Midi le trèfle blanc (1968), testimonio de su constante experimentación con nuevos formatos y soportes. La serie se completa con Oda a Joan Miró (1973), obra que cierra un ciclo creativo de reflexión sobre su propio legado y su lugar en la historia del arte.
Más allá de las litografías, la exposición enriquece la experiencia del visitante con la inclusión de reproducciones de portadas de libros, catálogos de exposiciones y diseños de portadas de discos de vinilo que Miró ilustró a lo largo de su carrera. Estos elementos, a menudo relegados en las grandes retrospectivas, revelan la versatilidad del artista y su capacidad para trasladar su universo plástico a diferentes soportes y contextos, desde el mundo editorial hasta la industria cultural.
La elección del emplazamiento no es casual. La basílica de Santa Maria Maggiore alla Pietrasanta, con su historia milenaria y su arquitectura barroca, crea un diálogo fascinante con la modernidad de Miró. El contraste entre los frescos religiosos y las obras del catalán genera una tensión estética que potencia la contemplación de ambos lenguajes artísticos. Esta yuxtaposición permite al espectador experimentar la obra de Miró desde una nueva perspectiva, lejos de la neutralidad de las galerías de arte blancas.
Desde el punto de vista organizativo, la exposición ha sido concebida para ser accesible a todo tipo de público. Los horarios se adaptan tanto a los residentes locales como a los turistas internacionales: de lunes a viernes la visita es posible de 9:30 a 19:30, mientras que los sábados, domingos y festivos el horario se extiende hasta las 20:30. La política de precios también busca la democratización cultural, con una entrada general de 13 euros en días laborables y 15 euros durante fines de semana y festivos.
La presencia de esta muestra en Nápoles refuerza el compromiso de la ciudad con la cultura de calidad y su posicionamiento como destino artístico de primer nivel en el sur de Italia. La colaboración entre instituciones italianas y españolas simboliza el puente cultural mediterráneo que ambos países han construido a lo largo de los siglos, y que encuentra en figuras como Miró un punto de encuentro ineludible.
Para los estudiosos del arte, la exposición ofrece una oportunidad única de analizar la evolución técnica de Miró en el campo de la impresión. Para el público general, constituye una puerta de entrada accesible y emocionante al universo de uno de los grandes maestros del siglo XX. La capacidad de Miró para comunicar emociones universales a través de signos aparentemente simples sigue siendo tan vigente hoy como lo fue en vida del artista.
La inauguración coincide con el periodo navideño, lo que convierte la visita en una experiencia doblemente especial. La atmósfera festiva de Nápoles, con sus tradiciones, luces y belenes artísticos, se combina con la contemplación de una de las propuestas expositivas más sofisticadas de la temporada. Esta sinergia entre cultura popular y alta cultura refleja precisamente el espíritu de Miró, siempre conectado con las raíces pero mirando hacia la vanguardia.
La organización ha previsto también actividades paralelas que complementan la visita, aunque los detalles se anunciarán próximamente. Se espera la participación de expertos en la obra del catalán que ofrecerán conferencias y visitas guiadas para profundizar en los aspectos más técnicos y conceptuales de la muestra. Esta programación didáctica refuerza el carácter pedagógico de la exposición, alineado con la misión del Instituto Cervantes de difundir la cultura española en el extranjero.
La exposición ‘Joan Miró: para luego llegar al alma’ no solo celebra la obra de un artista excepcional, sino que también pone de manifiesto la relevancia del arte gráfico en la construcción del lenguaje moderno. En una época dominada por lo digital, revisitar la manualidad y la experimentación de Miró con técnicas tradicionales resulta una lección de humildad y excelencia para las nuevas generaciones de creadores.
Nápoles, con su caos organizado y su pasión desbordante, se revela como el marco perfecto para acoger la obra de un artista que encontró belleza en la espontaneidad y orden en la aparente arbitrariedad. La exposición invita a perderse entre sus símbolos, a dejarse llevar por el color y a descubrir, como promete su título, el camino hacia el alma del arte.