A 90 minutos del milagro. A 90 minutos de lo que era absolutamente impensado allá por el 3 de septiembre, cuando fue presentado. Martín Palermo, más en Modo Titán que nunca, está a las puertas de consumar una de las salvaciones más recordadas de los últimos tiempos: su Fortaleza derrotó este miércoles 2-1 a un complicado Corinthians y logró salir de la zona de descenso cuando falta una fecha para el final del Brasileirao.
Un panorama que pocos hinchas del club del Norte de Brasil imaginaban hasta hace no mucho tiempo: cuando asumió el ex goleador de Boca, el equipo estaba penúltimo con 15 puntos en 21 fechas, a siete unidades de la salvación. La situación también se refleja muy claramente en la comparación con sus competidores directos: estaba a seis de Juventude (18° en aquel momento y 19° ahora) y actualmente le saca ocho.
No fue un milagro: fue Palermo. Un DT que suma ocho partidos ganados (cuatro consecutivos), cuatro igualados y cuatro perdidos, con 21 goles a favor y 20 en contra. Sí, todo muy parejo, porque si algo caracterizó a esta campaña del argentino fue el sufrimiento: su único éxito por más de un tanto fue en el primer encuentro que dirigió, un 2-0 a Vitória por la 23ª jornada.
El de este miércoles ante Corinthians, de hecho, no fue la excepción al dramatismo. Se sobrepuso a las embestidas del Corinthians (el arquero Brenno, figura con un tapadón en la última) y fue muy efectivo en ataque, con golazos de los argentinos Tomás Pochettino (definió tras una gran jugada colectiva y un centro atrás) y José María Herrera, el ex Argentinos (peleó y se la picó al arquero). En el once inicial también estuvieron Eros Mancuso, Emanuel Brítez, Gastón Ávila y Adam Bareiro (Juan Martín Lucero y Deyverson, en el banco).
Una actuación colectiva que levantó a los hinchas, quienes coparon el Arena Castelao para una noche inolvidable. Y que le puso los ojos vidriosos a Palermo: pese a las adversidades, su equipo mostró mucho carácter, contó con buenas asociaciones entre Pochettino y Herrera y tuvo una gran entrega defensiva. Porque la zaga central argentina despejó todos los centros que cayeron al área, el doble 5 Sasha-Pereira contuvo a los talentosos del Timao y la ovación que recibió Pochettino al salir del campo reflejó el partido que tuvo.
Para llegar a este presente, el arranque fue algo complicado, con tres triunfos y cuatro derrotas. Pero a partir de la 30ª fecha todo cambió: tras el batacazo 1-0 contra Flamengo, empató cuatro partidos consecutivos y ahora acumula cuatro victorias en fila. Un sprint final clave que le permite ilusionarse con la épica y con mantener el estatus de Primera que conserva desde el 2018. Y, también, con meterse en la Copa Sudamericana, para la que matemáticamente conserva chances (lo increíble del Brasileirao).
Que el equipo del Titán haya salido de la zona roja también se debió a resultados ajenos. Porque a pesar de que el Santos goleó 3-0 a Juventude con un hat-trick de Neymar, Vitória perdió 4-0. La combinación perfecta que le dio a Fortaleza el empujón definitivo.
El legado de Palermo como entrenador está siendo escrito con letras de oro en la historia del club cearense. Su capacidad para motivar, para transmitir esa garra que lo caracterizó como futbolista, se ha traducido en una identidad clara: un equipo que nunca se rinde, que cree hasta el final y que ha convertido el sufrimiento en su bandera.
Los jugadores argentinos han sido fundamentales en esta gesta. No solo por sus goles y sus intervenciones defensivas, sino por la mentalidad que aportan. Han sabido sobrellevar la presión de una situación límite y transformarla en energía positiva para el grupo.
La afición de Fortaleza ha respondido con devoción. El Castelao se ha convertido en un fortín inexpugnable, con más de 60 mil almas apoyando incondicionalmente. Cada partido es una fiesta, cada victoria una liberación colectiva.
Ahora, la ecuación es simple pero no fácil: un punto en la última fecha sellaría la permanencia. El rival será América Mineiro, en condición de visitante. Será otra batalla, otra prueba de fuego para un equipo que ha demostrado sobradamente que sabe sufrir y sobreponerse.
El fútbol brasileño vive una de esas historias que lo hacen grande. Un entrenador argentino que llega a un club en crisis, sin conocer la idiosincrasia local, y logra en tres meses lo que parecía imposible. No con estilo brillante ni goleadas, sino con trabajo, sacrificio y una fe ciega en la remontada.
Martín Palermo ha demostrado que su Modo Titán no era un slogan publicitario, sino una forma de vida. Y Fortaleza, esa ciudad del nordeste brasileño, ha encontrado en el argentino al líder que necesitaba para creer de nuevo.
La salvación está a 90 minutos. Pero el trabajo ya está hecho, la gesta ya es épica. Lo que venga será la coronación de un proceso que ha devuelto la ilusión a miles de personas. El fútbol, una vez más, premia la perseverancia y castiga la desesperanza.
El Brasileirao tiene su historia del año, y la escribe un argentino que supo ser héroe con la camiseta de Boca y ahora lo es con el técnico de Fortaleza. La pelota está en el área, el partido está por jugarse, pero el milagro ya es una realidad tangible. Solo falta el golpe final, el punto que certifique lo que todos en Ceará ya sienten como propio: la salvación más épica de los últimos tiempos.