El Villarreal ha vuelto a demostrar su olfato para el talento con la incorporación de Alberto Moleiro, el último exponente de una estrategia de fichajes que ha resultado ser un auténtico filón para el club castellonense. El joven atacante de 22 años, procedente de la Unión Deportiva Las Palmas, se ha convertido en pieza clave del Submarino amarillo tras un período de adaptación inicial que ya queda lejos. Su impacto inmediato en el equipo demuestra que la apuesta por el futbolista canario no fue una simple intuición, sino el resultado de un trabajo de scouting meticuloso que el club ha perfeccionado durante más de dos décadas.
La trayectoria de Moleiro refleja a la perfección el modelo de negocio y deportivo que el Villarreal ha perfeccionado con los futbolistas canarios. Tras anotar dos goles decisivos ante la Real Sociedad, incluyendo el tanto de la victoria en los instantes finales, el propio jugador reconoció su evolución: "Estoy en un buen momento. Me costó mucho al principio y ahora hay que disfrutar y mirar hacia arriba. Es la primera vez que salgo de casa... Esta victoria es de equipo grande que lucha hasta final". Estas palabras encapsulan el desafío emocional y deportivo que supone abandonar las Islas Canarias por primera vez. La distancia geográfica y cultural, unida a la presión de competir en el máximo nivel, crea una barrera que no todos los jugadores superan con éxito. Sin embargo, el Villarreal ha desarrollado un protocolo de integración que facilita esta transición.
La inversión realizada por el club, 15 millones de euros fijos más dos en variables, ya empieza a rendir dividendos. Moleiro no es un caso aislado, sino el último eslabón de una cadena de éxitos que ha convertido a Canarias en un mercado prioritario para el Villarreal. La entidad que preside Fernando Roig ha demostrado una capacidad única para identificar y explotar el talento de las islas, obteniendo réditos deportivos y económicos innegables. Esta política de fichajes se ha convertido en un sello de identidad del club, que ha sabido crear una red de ojeadores establecida en el archipiélago desde hace años.
El historial habla por sí solo. Desde el año 2000, el Villarreal ha fichado a cinco futbolistas canarios que han dejado huella en el club. El pionero fue Antonio Guayre, una apuesta arriesgada por un joven que despuntaba en el fútbol insular. El club desembolsó entonces 1.000 millones de pesetas (equivalentes a algo más de seis millones de euros actuales), una cifra considerable para la época. La apuesta salió redonda: Guayre disputó 200 encuentros y anotó 31 goles entre 2000 y 2006, consolidándose como un referente del equipo. Su versatilidad en ataque y su capacidad para adaptarse a diferentes posiciones delanteras lo convirtieron en un activo invaluable durante seis temporadas.
Le sucedió Ángel López, lateral derecho que llegó en 2007 por 1,2 millones de euros. Durante cuatro temporadas, el defensor sumó 150 partidos y tres goles, contribuyendo a una etapa dorada del club aunque con un final menos brillante. Su rendimiento, no obstante, justificó sobradamente la inversión inicial. La consistencia defensiva de Ángel y su capacidad para sumarse al ataque por la banda derecha encajaron perfectamente en los esquemas del entrenador de la época, consolidando una defensa que competía en Europa.
El caso de Yeremi Pino representa el modelo perfecto de la cantera amarilla aplicada al talento canario. Captado por ojeadores en edad cadete durante un campeonato de selecciones autonómicas celebrado en Canarias en 2016, su formación en la academia del Villarreal le convirtió en un jugador completo. Con 170 partidos y 22 goles en el primer equipo, su salida al fútbol inglés por 30 millones de euros más variables demostró la plusvalía que genera la política de fichajes del club. La formación de Yeremi en la cantera del Villarreal permitió pulir sus cualidades técnicas y tácticas, adaptándolas a las exigencias del fútbol de élite europeo.
Ayoze Pérez, formado en las categorías inferiores del Tenerife, completó el cuarteto de canarios exitosos. Su versatilidad ofensiva y su capacidad de adaptación al estilo del Villarreal le convirtieron en un activo valioso para el equipo. Ayoze demostró que el talento canario no se limita a una posición específica, sino que puede brillar en múltiples roles del ataque, desde la banda hasta la posición de falso nueve.
La clave del éxito radica en varios factores. Primero, el olfato para detectar talento en una región con características especiales. Los jugadores canarios suelen técnicamente bien formados, con gran creatividad y visión de juego. Segundo, el proceso de adaptación gradual que el Villarreal ofrece, entendiendo que salir de las islas supone un cambio cultural y emocional importante. Tercero, la apuesta por la continuidad y el desarrollo, dando tiempo a los futbolistas para asentarse sin presión desmedida. Este modelo contrasta con la impaciencia que caracteriza a muchos clubes grandes, donde los jóvenes talentos no tienen margen de error.
El modelo económico también resulta impecable. Si sumamos las inversiones iniciales (Guayre 6M€, Ángel 1,2M€, Yeremi formado, Ayoze formado, Moleiro 15M€) y las plusvalías obtenidas (especialmente la venta de Yeremi por 30M€), el balance es claramente positivo. Pero más allá de los números, el valor deportivo aportado ha sido fundamental para consolidar al Villarreal en LaLiga y en competiciones europeas. La estabilidad que estos jugadores proporcionaron permitió al club planificar a medio plazo, construyendo equipos competitivos sin necesidad de grandes desembolsos continuos.
El contexto geográfico y cultural de Canarias juega a favor de esta estrategia. Los jugadores formados allí desarrollan un perfil técnico particular, con mayor tiempo y espacio para la creatividad, que luego se adapta bien al fútbol de élite continental. El Villarreal ha sabido leer este patrón y explotarlo sistemáticamente. La distancia con la península crea un ecosistema futbolístico relativamente aislado, donde los jóvenes pueden desarrollarse sin la presión mediática de otros centros de formación. Esto permite una maduración más completa y sostenida.
Moleiro representa la evolución de esta política. A diferencia de sus predecesores, su fichaje supone una inversión más cuantiosa, reflejando la inflación del mercado y la mayor competencia por el talento canario. Sin embargo, los primeros meses ya indican que la apuesta volverá a salir bien. Su doblete ante la Real Sociedad no solo aportó tres puntos, sino que validó el modelo de scouting del club. La capacidad de Moleiro para decidir partidos en los momentos clave demuestra una madurez inusual para su edad, fruto de su formación en Las Palmas y del proceso de integración del Villarreal.
El futuro de esta relación entre el Villarreal y Canarias parece prometedor. Con Moleiro asentado y la reputación del club consolidada en las islas, es probable que nuevos talentos sigan el mismo camino. La confianza mutua generada entre la entidad castellonense y el fútbol canario crea un circuito virtuoso que beneficia a ambas partes. Los jóvenes jugadores de las islas ven en el Villarreal una opción atractiva y realista para dar el salto al fútbol de élite, mientras que el club tiene acceso preferente a una cantera de calidad.
En conclusión, el Villarreal ha convertido el fichaje de jugadores canarios en un modelo de negocio sostenible y exitoso. La combinación de una detección precisa, una adaptación cuidadosa y una explotación optimizada del talento ha generado resultados deportivos y económicos excepcionales. Moleiro es simplemente el último capítulo de una historia que, previsiblemente, seguirá escribiendo páginas de éxito para el Submarino amarillo. Esta estrategia, lejos de ser una moda pasajera, se ha convertido en un pilar fundamental de la identidad y el éxito del club en el siglo XXI.