El derbi sevillano volvió a escribir un nuevo capítulo este fin de semana en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán, donde el Real Betis logró una contundente victoria por 0-2 sobre el Sevilla FC. El encuentro, correspondiente a la jornada liguera de LaLiga EA Sports, estuvo marcado tanto por la calidad futbolística del conjunto verdiblanco como por los incidentes desafortunados en las gradas que provocaron la interrupción temporal del partido.
Desde el inicio del encuentro, el Betis demostró una mayor solidez táctica y efectividad en las áreas. Los pupilos de Manuel Pellegrini controlaron el ritmo del juego con una presión bien estructurada y transiciones rápidas que inquietaron constantemente la defensa local. El primer golpe llegó de la mano de Pablo Fornals, quien aprovechó una jugada colectiva para batir la portería de Dmitrovic y adelantar a los visitantes en el marcador.
La segunda diana verdiblanca corrió a cargo de Altimira, quien con un disparo preciso sentenció prácticamente el encuentro. Este tanto no solo certificaba la superioridad del Betis en el terreno de juego, sino que también reflejaba la capacidad del equipo para aprovechar las oportunidades generadas desde la medular.
Sin embargo, el desarrollo del partido se vio ensombrecido por una serie de incidentes que pusieron en riesgo la integridad de los jugadores y el normal desarrollo del encuentro. Desde el fondo de la grada ocupada por los ultras del Sevilla se produjeron lanzamientos de objetos que obligaron al colegiado Munuera Montero a detener el juego en varias ocasiones. La situación llegó a su punto crítico cuando, tras el segundo gol del Betis, varios proyectiles fueron arrojados al césped, lo que provocó que el árbitro decidiera la interrupción temporal del partido y el regreso de ambos equipos a los vestuarios.
El protocolo de actuación ante estos hechos se activó de inmediato. Munuera Montero, junto con los capitanes de ambos equipos, los técnicos y representantes de la Policía Nacional, mantuvieron una reunión en el túnel de vestuarios para evaluar la situación. Tras varios minutos de incertidumbre, se decidió reanudar el encuentro con la advertencia de que cualquier nuevo lanzamiento supondría la suspensión definitiva del derbi.
La tensión no solo se vivió en las gradas, sino también sobre el césped. La expulsión de un jugador del Sevilla por una dura entrada a Valentín Gómez generó numerosas protestas entre el banquillo local. Marcao, que no participaba activamente en el encuentro, vio la cartulina amarilla por sus protestas vehementes al árbitro principal.
En la rueda de prensa posterior, el técnico del Betis analizó el encuentro con palabras mesuradas: "Uno juega solo con jugar partidos así. Marcar encima un gol y ganar imagina...". Pellegrini destacó la fortaleza física y la capacidad de presión del Sevilla, pero enfatizó que su equipo había generado "varias transiciones muy peligrosas" que finalmente decidieron el choque.
Sobre los incidentes en la grada, el entrenador chileno mostró su preocupación: "Entendemos que en el fútbol hay frustración, a nadie nos gusta perder y cada uno lo expresa de una manera. Contento de que se haya podido terminar el partido y que el fútbol haya prevalecido". Estas palabras reflejan la postura de un profesional que entiende la pasión del derbi, pero que rechaza cualquier tipo de violencia en el ámbito deportivo.
El capitán del Betis también intervino para calmar los ánimos: "Esto es fútbol, es un derbi, hay mucha tensión. Es un lance del juego. No creo que haya que meterse para dentro por lo que pasó. Ellos hacen una buena acción, lo celebran, calientan a la grada y no creo que haya que hacer eso. Al final se ha parado el partido sin sentido".
El Sevilla, por su parte, mostró una evidente falta de acierto en ataque y una desorganización defensiva tras el gol inicial. El técnico local reconoció que "en la segunda parte, tras el gol perdimos el orden" y que "el equipo se descompuso" ante la presión del rival y la situación adversa en el marcador.
La afición local, visiblemente frustrada por el desarrollo del encuentro, comenzó a abandonar el estadio antes de la conclusión oficial. Las imágenes del Pizjuán semivacío durante los minutos finales evidenciaron el descontento generalizado con la actuación de su equipo en uno de los partidos más importantes de la temporada.
El derbi sevillano, considerado uno de los enfrentamientos más intensos del fútbol español, volvió a demostrar que la pasión desbordada puede convertirse en un problema cuando no se canaliza adecuadamente. Los incidentes con objetos lanzados desde la grada han sido una constante preocupación para los organizadores, y este nuevo episodio obligará a las autoridades a replantearse medidas adicionales de seguridad para futuros encuentros.
La victoria del Betis le permite consolidar su posición en la parte alta de la tabla y, sobre todo, ganar en moral y confianza de cara a los próximos compromisos. El triunfo en el feudo del máximo rival siempre tiene un sabor especial y este no iba a ser menos. Los tres puntos obtenidos en el Pizjuán son un botín invaluable para las aspiraciones europeas del conjunto verdiblanco.
Por el contrario, el Sevilla se ve sumido en una crisis de resultados que se agrava con la derrota en el derbi. La falta de efectividad en ataque, sumada a los problemas defensivos y la indisciplina en momentos clave, dibujan un panorama complicado para el equipo de Nervión. La afición, que esperaba una reacción contundente de su equipo, se fue a casa con la sensación de que el Betis fue superior en todos los aspectos del juego.
El colegiado Munuera Montero, en su informe arbitral, dejó constancia de todos los incidentes ocurridos durante el encuentro, lo que podría derivar en sanciones para el club local. La Liga de Fútbol Profesional ha abierto un expediente disciplinario para investigar los hechos y determinar las responsabilidades correspondientes.
En definitiva, el derbi sevillano dejó un regusto agridulce. Por un lado, la excelente actuación del Betis, que demostró su superioridad táctica y técnica sobre el césped. Por otro, la preocupante situación de violencia en las gradas que, una vez más, manchó el espectáculo futbolístico. La esperanza es que estas situaciones sirvan para tomar conciencia y aplicar medidas efectivas que garanticen el disfrute del fútbol sin riesgos para nadie.
El fútbol volvió a prevalecer, como deseaba Pellegrini, pero la sombra de la violencia sigue presente. Solo mediante la colaboración de todos -aficionados, clubes, autoridades y jugadores- se podrá erradicar este tipo de comportamientos que tanto daño hacen al deporte rey. Mientras tanto, el Betis celebra una victoria merecida y el Sevilla deberá trabajar duro para revertir la situación y recuperar la confianza de su afición.