Christian Karembeu: de héroe de la Séptima a estratega del Olympiacos

El ex centrocampista francés, clave en la conquista de la Champions League con el Real Madrid, dirige ahora el destino del club griego junto a Marinakis

La trayectoria profesional de Christian Karembeu representa uno de los ejemplos más destacados de adaptación y éxito en el mundo del fútbol. Desde sus días como jugador decisivo en la Champions League hasta su actual rol de director estratégico del Olympiacos, el francés ha demostrado una capacidad única para reinventarse y mantenerse relevante en la élite del deporte rey.

Cuando el Real Madrid atravesaba su peor momento en la competición continental, con más de tres décadas de sequía sin levantar la Copa de Europa, la directiva blanca decidió apostar por un centrocampista que languidecía en la Sampdoria. Karembeu no era la opción más llamativa del mercado, pero la insistencia de los dirigentes madrileños terminó por convencerle. Lo que el francés desconocía era que aquel traspaso le convertiría en protagonista de uno de los capítulos más gloriosos de la historia merengue.

La situación personal del galo era compleja. Llevaba seis meses sin disputar un partido oficial, circunstancia que le había costado su plaza en la selección francesa. En ese contexto, la confianza del Real Madrid supuso una auténtica bomba de oxígeno para su carrera. El club blanco no solo le ofreció una oportunidad, sino que le situó en el escenario perfecto para demostrar su valía cuando más se necesitaba.

El momento definitivo llegó en los cuartos de final de la Champions League 1997-98. Frente al Leverkusen alemán, Karembeu encontró el balón en el área rival después de una jugada colectiva. Raúl y Predrag Mijatović desmarques estratégicos que desorganizaron la defensa germana, dejando al francés en posición ideal para ejecutar un disparo certero. Aquel gol no solo valió su peso en oro para la clasificación, sino que representó el punto de inflexión en la trayectoria personal de un futbolista que necesitaba demostrar su capacidad de respuesta tras la larga inactividad.

La importancia de aquel tanto trasciende lo puramente estadístico. Para Karembeu, significó la validación de su esfuerzo y la confirmación de que el Real Madrid no se había equivocado al confiar en él. Para el club, abrió las puertas de las semifinales y, eventualmente, de la final de Ámsterdam donde se consumaría la tan ansiada Séptima. Sin aquella diana en los cuartos, la historia del fútbol europeo podría haber sido radicalmente diferente.

La capacidad de Karembeu para sobrevivir a la presión y responder en el momento crítico definió su legado en el Santiago Bernabéu. No fue una estrella mediática, pero su contribución fue indispensable en la maquinaria que rompió con la maldición continental. Su perfil discreto pero eficaz le convirtió en un elemento valorado por entrenadores y compañeros, alguien en quien se podía confiar cuando la situación se complicaba.

Tras colgar las botas, el francés no se desvinculó del fútbol. Su visión estratégica y su conocimiento del juego le abrieron las puertas de una nueva carrera en la dirección deportiva. Desde hace ocho años, Karembeu ocupa el cargo de director estratégico del Olympiacos, trabajando codo con codo con Evangelos Marinakis, el influyente presidente del club heleno.

La relación con Marinakis no es baladí. El empresario griego, conocido por su carácter impulsivo y su gestión de múltiples equipos como el Nottingham Forest y el Rio Ave, ha encontrado en Karembeu un interlocutor ideal. La longevidad de su vínculo profesional, ocho años en un sector donde la rotación es constante, habla de una sintonía excepcional y de la capacidad del francés para gestionar las exigencias de un mandatario tan exigente como carismático.

En el Pireo, Karembeu ha aplicado su experiencia para construir una estructura competitiva que domina el fútbol griego y aspira a proyectarse en Europa. Su labor va más allá de la mera gestión deportiva; implica la planificación a largo plazo, la identificación de talento y la creación de una identidad sostenible para el club. La estabilidad que ha aportado contrasta con la inestabilidad que caracteriza a muchos equipos del continente.

Paralelamente a su trabajo en el Olympiacos, Karembeu mantiene un compromiso activo con el fútbol global a través de su rol como embajador de la FIFA. Esta posición le permite participar en las grandes citas del deporte, representando los intereses de la institución rectora del fútbol mundial y aportando su visión de exjugador de élite a los debates sobre el futuro del juego.

La dualidad de su carrera actual es fascinante. Por un lado, la gestión operativa y estratégica de un club concreto; por otro, la representación institucional en el máximo nivel. Esta combinación le confiere una perspectiva única, capaz de entender tanto las necesidades cotidianas de un equipo como las tendencias globales que moldean el fútbol moderno.

Karembeu nunca ha ocultado su gratitud hacia el Real Madrid. En múltiples declaraciones ha reconocido que el club blanco le dio una oportunidad cuando nadie más confiaba en su estado de forma. Aquella apuesta de riesgo se convirtió en una inversión redonda para ambas partes: el Madrid obtuvo un pieza clave para su Séptima, y el francés revitalizó una carrera que parecía estancada.

El recuerdo de aquellos días en el Bernabéu permanece vivo en su discurso. Habla con especial cariño de sus compañeros, de la presión que se vivía en cada eliminatoria y de la responsabilidad de representar a un club obsesionado con romper su maleficio continental. Su modestia le lleva a atribuir el éxito colectivo al trabajo de todos, pero la realidad es que su gol contra el Leverkusen ocupa un lugar privilegiado en la galería de momentos mágicos del Madrid europeísta.

La transición de jugador a directivo no siempre es fluida, pero Karembeu ha demostrado que la inteligencia futbolística y la capacidad de adaptación son transferibles. En el Olympiacos ha construido una segunda carrera tan respetable como la primera, aplicando los mismos principios que le hicieron triunfar en el césped: trabajo duro, visión de juego y capacidad de respuesta bajo presión.

Su historia sirve de inspiración para aquellos futbolistas que contemplan el final de su etapa activa con incertidumbre. Demuestra que el conocimiento adquirido en las grandes citas puede tener aplicación práctica en la gestión deportiva, y que la pasión por el fútbol puede manifestarse de múltiples formas más allá de los 90 minutos.

En un panorama donde los exfutbolistas a menudo buscan el foco mediático, Karembeu ha optado por la eficacia discreta. Tanto en su etapa como jugador como en su rol actual, ha preferido que sus acciones hablen por sí mismas. Esa coherencia personal y profesional le ha granjeado el respeto de propietarios, compañeros y rivales por igual.

El legado de Christian Karembeu, por tanto, se mide no solo por el gol que cambió su destino en la Champions, sino por la capacidad de reinventarse y seguir influyendo en el fútbol desde una trinchera diferente. Su viaje desde la inactividad en la Sampdoria hasta la gloria europea, y desde el césped hasta la sala de juntas del Olympiacos, configura una de las trayectorias más completas y enriquecedoras del fútbol contemporáneo.

Referencias