El Real Madrid aterrizó en el estadio Georgios Karaiskakis con la necesidad imperiosa de romper una dinámica negativa que había generado dudas tras tres tropiezos consecutivos. La Champions League ofrecía el escenario perfecto para redimirse, y el conjunto blanco no desaprovechó la oportunidad. Frente a un Olympiacos que pretendía convertir su feudo en un auténtico infierno para los visitantes, el equipo de Xabi Alonso desplegó un arsenal ofensivo demoledor liderado por un Kylian Mbappé desatado, que firmó un hat-trick para sellar una victoria vital (1-3) que devuelve la confianza al grupo merengue.
El partido arrancó con un ritmo vertiginoso, y el conjunto heleno no tardó en demostrar por qué su estadio es considerado uno de los más intimidatorios del continente. La presión local obligó al Madrid a retroceder líneas, pero la calidad individual de sus estrellas ofensivas pronto comenzó a hacer mella en una defensa griega que mostró fisuras desde el inicio. La primera advertencia llegó de la bota de Aurelien Tchouaméni, que desde la frontal desenfundó un trallazo que sacudió el larguero con violencia desmedida. El balón rebotó con tal potencia que el propio meta rival apenas pudo observar cómo el esférico se estrellaba contra la madera, evitando un golazo antológico.
La respuesta del Olympiacos no se hizo esperar, y el encuentro se convirtió en un intercambio de golpes constante. Sin embargo, la calidad de los atacantes madridistas resultó demasiado difícil de contener. El primer tanto visitante llegó tras una jugada de precisión quirúrgica. Vinicius Jr. recibió en banda izquierda, encaró a su marcador con su característica velocidad y asistió a un Mbappé que apareció solo en el corazón del área para batir al portero Tzolakis con un disparo raso y cruzado. El francés celebró con contención, consciente de que el trabajo aún no estaba hecho.
El Olympiacos, lejos de desanimarse, buscó la reacción inmediata, pero su impetuosidad defensiva le jugó una mala pasada. Una falta clara sobre el propio Mbappé cuando se escapaba en solitario por la banda derecha provocó la tarjeta amarilla para Ortega y evidenció los problemas de contención del equipo de José Luis Mendilibar. El Madrid olía la sangre y no perdonó.
El segundo gol fue una obra de arte del contragolpe. Eduardo Camavinga, omnipresente en el centro del campo, robó un balón en la medular y ejecutó un pase en profundidad magistral que desmontó toda la línea defensiva griega. Mbappé, una vez más libre de marca, recibió en carrera y definió con sangre fría por entre las piernas del guardameta, firmando su doblete antes del descanso. La eficiencia del delantero francés era demoledora: dos ocasiones, dos goles.
La segunda mitad arrancó con el Olympiacos volcado en ataque, consciente de que necesitaba un gol para mantener vivas sus opciones. Sin embargo, su desesperación se convirtió en su peor enemigo. Una jugada larga de balón encontró a Vinicius Jr. en posición legal, que controló con maestría y definió con un disparo de efecto al palo largo. La celebración se vio interrumpida por el VAR, que detectó un fuera de juego milimétrico de Mbappé en el inicio de la jugada. La decisión, ajustadísima, generó protestas en el banquillo visitante, pero no frenó el ímpetu ofensivo del Madrid.
El tercer gol visitante llegó de forma casi inevitable. Otra combinación por la derecha entre Fede Valverde y Trent Alexander-Arnold liberó a Arda Güler, que centró con precisión al área. Mbappé, imparable en el juego aéreo, se elevó por encima de la defensa y cabeceó con potencia al fondo de la red, sellando su hat-trick y prácticamente sentenciando el encuentro.
El Olympiacos, que había mostrado buenas sensaciones en fases del partido, vio cómo su noche se convertía en una auténtica pesadilla. El colmo de los males llegó con la lesión muscular de Chiquinho, el mejor jugador del conjunto griego y una auténtica pesadilla para la zaga madridista con sus desmarques y regates. El portugués tuvo que abandonar el terreno de juego entre lágrimas, siendo sustituido por Taremi. Su ausencia mermó significativamente las opciones ofensivas locales.
El encuentro dejó varias conclusiones claras. Primero, el Real Madrid demostró que su poderío ofensivo es capaz de resolver partidos en minutos. En apenas dos minutos, el conjunto blanco pasó de sufrir a sentenciar, aprovechando cada error defensivo rival con una crueldad característica de los grandes equipos. Segundo, la conexión entre Vinicius, Camavinga y Mbappé funciona a la perfección, con movimientos sincronizados que desmontan cualquier sistema defensivo.
Para Xabi Alonso, esta victoria supone un respiro invaluable. Tras tres derrotas consecutivas que habían generado cierta inquietud entre la afición, el triunfo en territorio helénico devuelve la tranquilidad y confirma que el proyecto sigue en marcha. El técnico vasco ha conseguido que su equipo mantenga la calma en los momentos de presión y sea letal en la transición, cualidades imprescindibles para competir en la élite europea.
El Olympiacos, por su parte, deberá analizar sus errores defensivos si quiere seguir soñando con los octavos de final. La lesión de Chiquinho es una mala noticia de cara a los próximos compromisos, y Mendilibar deberá buscar soluciones para suplir la ausencia de su jugador más desequilibrante.
El hat-trick de Mbappé, el primero con la camiseta blanca en competición europea, confirma su estado de forma impecable. El francés ha asumido el rol de líder ofensivo que se esperaba de él y demuestra una capacidad de definición que lo sitúa entre los mejores delanteros del planeta. Sus tres goles fueron ejemplos de diferentes facetas de su juego: definición en el área, velocidad en el contragolpe y poderío aéreo.
La victoria permite al Real Madrid respirar en la tabla de clasificación y recuperar la senda del triunfo antes de afrontar los compromisos ligueros. El equipo ha demostrado que, pese a los tropiezos previos, mantiene intactas sus aspiraciones en la máxima competición continental. La noche griega terminó siendo un festín para los atacantes madridistas y un duro correctivo para un Olympiacos que pagó caros sus errores ante un equipo de campeones.
El rendimiento de jugadores como Camavinga, que ejerció de director de orquesta en el centro del campo, y la solidez de Tchouaméni, pese al trallazo al larguero, son señales positivas para el futuro inmediato. El Madrid ha vuelto a ganar, y lo ha hecho a lo grande, con un triplete memorable de su estrella gala que será recordado en los anales de la Champions League.