City cae ante Leverkusen: goles de Grimaldo y Schick sacuden el Etihad

El conjunto de Guardiola sucumbe ante el campeón alemán en un duelo vibrante de Champions que complica su clasificación

El Etihad Stadium presenció una de esas noches europeas que Guardiola preferiría olvidar. El Manchester City, vigente campeón de la Champions League, recibía al Bayer Leverkusen en un duelo clave para la jornada 5 de la fase de ligas, pero lo que debía ser una noche de consolidación se convirtió en un examen de fuego que el conjunto inglés no superó. La derrota por 2-0 deja al equipo ciudadano en una posición incómoda y abre interrogantes sobre su rendimiento en la competición más prestigiosa del continente.

Desde el pitido inicial, el dominio territorial fue evidente para los locales. El balón circulaba con precisión entre los medios ciudadanos, buscando abrir huecos en una defensa alemana bien estructurada. Sin embargo, el fútbol moderno ha demostrado que la posesión sin profundidad es un arma de doble filo, y el Leverkusen lo aprovechó con contundencia. Los visitantes aguardaban pacientes, cerrando espacios y esperando su momento para desplegar el contraataque.

El primer aviso llegó cuando Doku intentó desbordar por la banda izquierda, pero se encontró con una muralla de piernas que le obligó a retrasar el balón. La insistencia del extremo belga en el uno contra uno chocaba una y otra vez con la solidez defensiva de los germanos, especialmente con Quansah, quien neutralizó cada intento con inteligencia táctica. Esta dinámica se repetiría durante buena parte del primer acto, con el City generando peligro superficial pero sin encontrar la claridad necesaria en el último tercio del campo.

La sorpresa llegó cuando el capitán del Leverkusen, Grimaldo, decidió escribir su nombre con letras de oro en la noche europea. Una jugada aparentemente inocua se convirtió en un golazo que sacudió las bases del Etihad. El lateral español apareció en segunda línea, como un verdadero mediapunta, para cazar un balón suelto en la frontal. Sin dudarlo, ejecutó una volea exquisita que se coló junto al poste derecho de la portería defendida por el meta local. El 0-1 no solo reflejaba el marcador, sino también una realidad táctica: el City había sido superado en eficacia.

La reacción del conjunto de Guardiola fue inmediata pero desordenada. El técnico catalán comenzó a dar instrucciones desde el banquillo, visiblemente preocupado por la falta de ideas de su equipo. Los intentos de Marmoush por generar peligro se vieron frustrados por entradas precisas de la defensa visitante, y cada pérdida de balón generaba una transición peligrosa para los de Xabi Alonso.

El meta del Leverkusen, Flekken, se convirtió en una de las figuras del encuentro. El portero neerlandés demostró una seguridad que transmitió calma a sus compañeros. En el cierre del primer tiempo, protagonizó dos intervenciones decisivas: primero desvió un centro de Rico Lewis que buscaba un rematador en el corazón del área, y posteriormente detuvo un disparo de Reijnders que parecía el último acercamiento ciudadano antes del descanso. Su actuación dejó claro que el día no sería propicio para los atacantes locales.

Las estadísticas del primer tiempo reflejaban una paradoja: dominio absoluto del City en posesión, pero una eficacia demoledora del Leverkusen en aprovechamiento de ocasiones. Guardiola, consciente de la gravedad del momento, ya preparaba los cambios en el túnel de vestuarios. La presencia de Haaland calentando en la banda era el síntoma de una necesidad imperiosa: el gol. El delantero noruego, junto a Foden y Cherki, tenían todas las papeletas para saltar al campo en el segundo acto.

El descanso sirvió para que el técnico catalán realizara una triple sustitución que buscaba revolucionar el encuentro. Lewis, Bobb y Ait Nouri dejaban su lugar a Foden, Doku y O'Reilly. El mensaje era claro: más verticalidad, más desborde, más presencia en el área. Sin embargo, el fútbol tiene sus propias leyes, y el Leverkusen demostró una madurez competitiva que sorprendió a propios y extraños.

El segundo tiempo comenzó con el City en busca de la reacción, pero el guion no cambió. La posesión seguía siendo local, pero la claridad seguía siendo visitante. La confirmación llegó en una jugada que resume el fútbol moderno: un contraataque letal, un centro preciso y un remate contundente. Schick, el delantero checo, saltó por encima de Aké para conectar un cabezazo impecable que se coló cerca del palo. El 0-2 no solo sentenciaba el encuentro, sino que también anunciaba una urgencia real en las filas ciudadanas.

La situación se complicaba para Guardiola. Una derrota en casa ante un rival directo por la clasificación ponía en jaque la posición del City en la tabla. Los equipos que acechaban desde atrás—Madrid, Liverpool y PSG—veían una oportunidad de oro para acercarse a la zona de clasificación. La presión sobre el técnico catalán crecía con cada minuto que pasaba sin que su equipo encontrara el camino del gol.

Los cambios tácticos buscaban desesperadamente la reacción. La entrada de Haaland parecía inevitable, pero incluso la presencia del máximo goleador de la Premier League no inquietaba a una defensa alemana que había encontrado su mejor versión. Cada balón dividido, cada segundo pase, cada intento de desborde chocaba con una organización defensiva impecable.

El partido entró en una fase de desgaste, con el City volcado hacia adelante y el Leverkusen administrando su ventaja con inteligencia. Los minutos finales fueron un monólogo ciudadano sin respuesta, una posesión estéril que no encontraba fisuras en el muro germano. El colegiado señaló el final y el Etihad guardó un silencio de incredulidad.

Las implicaciones de este resultado trascienden más allá de los tres puntos. El City, que llegaba a esta jornada con la confianza de ser vigente campeón, se ve ahora obligado a ganar en la última jornada para asegurar su pase a octavos. La derrota pone de manifiesto problemas defensivos que Guardiola deberá solucionar de inmediato. La incapacidad para transformar el dominio en ocasiones claras es una deuda pendiente que ya costó caro ante un rival de nivel.

Por su parte, el Bayer Leverkusen demostró por qué es el campeón de la Bundesliga. Su capacidad para sufrir sin el balón y para ser letal en transición es una carta de presentación temible en esta competición. Xabi Alonso ha construido un equipo sólido, con identidad y, sobre todo, con una eficacia que asusta. La victoria en Manchester no es un accidente, sino el resultado de un plan perfectamente ejecutado.

El análisis táctico revela que el City pecó de exceso de confianza en su juego de toque. La falta de profundidad y la previsibilidad en ataque facilitaron el trabajo defensivo del Leverkusen. Guardiola, conocido por su perfeccionismo, tendrá que revisar minuciosamente cada detalle antes del decisivo duelo de la próxima jornada. La presión es máxima y el margen de error, inexistente.

En definitiva, la noche del Etihad quedará en la memoria como una lección de humildad para el campeón. El fútbol moderno no entiende de nombres ni de presupuestos, sino de eficacia y de capacidad para ejecutar un plan. El Leverkusen fue superior en lo que realmente importa: marcar goles y mantener su portería a cero. El City, por contra, se quedó en la posesión estéril y en la frustración de un ataque que no encontró su rumbo. La Champions League castiga sin piedad, y este martes, el castigo llegó a Manchester.

Referencias